Si José Bretón hubiese asesinado a dos niños, que no fuesen sus hijos, si no fuera un maltratador que mató a los pequeños para hacer el mayor daño posible a Ruth Ortiz podríamos hablar de si es lícito o ético darle voz. Es un debate interesante, pero no es este. No se trata de si es moralmente aceptable que un asesino de niños dé su versión y con ella provoque sufrimiento en los familiares supervivientes. Aquí está ocurriendo otra cosa. Las palabras de Bretón son golpes directos sobre Ruth, la está pegando, la está destruyendo, la está maltratando. Estamos ante una evidente agresión machista.
El debate sobre la libertad de expresión y creación no tiene cabida en este caso concreto y que tantas voces la defiendan solo esconde una realidad preocupante: la inmensa falta de conocimientos sobre violencia de género de la sociedad. No entienden cómo opera, cómo funciona y cuáles son las características concretas de este tipo de violencia. Cuatro expertas dan su opinión acerca de lo que supone la publicación de El odio, el libro que un juzgado de Barcelona permite, desde este lunes, distribuir y publicar.
Cristina Fallarás, periodista y escritora
El libro sobre Bretón es un acto de violencia en sí mismo. Para empezar, abre un canal que pone en comunicación, de nuevo y en contra de lo dictado en tribunales, al asesino con la víctima, Ruth Ortiz. Una vía que no comprendo cómo no tuvieron en cuenta el autor y la editorial. El asesino utiliza al autor para volver a agredir a la víctima, y de forma de nuevo despiadada. Es como ponerle un altavoz para que lo haga, sin filtros. Deja claro el uso que Bretón hace del autor y de la insospechada y feliz (para él) posibilidad que se le brinda para poder volver a la carga. Para seguir, no se trata de un retrato del criminal. A todo ser humano lo retratan sus actos y su entorno. El hecho de que nadie se pusiera en contacto con la víctima evidencia que el interés era otro o, si no, la impericia de quienes lo han llevado a cabo.

José Bretón, detenido por la Policía Nacional
Beatriz Gimeno, política y ex directora del Instituto de las Mujeres
El autor, la editorial y quienes defienden la publicación, demuestran que no han entendido nada de violencia de género. Esto no tiene que ver con la libertad de expresión sino con la consideración que se da a la violencia machista. Las feministas hemos explicado que es un fenómeno estructural que se debe a causas que hemos desvelado ya, que funciona de una determinada manera y que busca determinados efectos; hemos explicado qué es la violencia vicaria, cómo funciona y qué pretende.
Estos días vemos cómo quienes se escudan en la libertad de expresión no entienden que el libro en sí es la continuación de esa violencia vicaria porque el asesino pretende seguir haciendo daño a Ruth Ortiz, pretende seguir en contacto con ella y el autor del libro se presta a eso como una correa de transmisión. No sólo mató a dos niños, mató a la madre a través de ellos, lo hizo por eso. El autor no entiende nada de esta violencia y desde luego no entiende, ni él ni nadie, el concepto de revictimización que es algo de lo que la propia ley dice que hay que proteger a la víctima, precisamente porque esta no es una violencia cualquiera, no es un suceso aislado.
Me preocupa no tanto que se prohíba o no como que pienso que debería ser unánimemente repudiado por una cuestión ética. Repito: el autor se ha puesto al servicio del asesino para seguir martirizando a la madre, él no lo verá así porque no lo comprende, seguramente porque jamás ha leído ni un sólo artículo de los que llevamos años y años escribiendo.
Carolina Pulido, exconcejal de Más Madrid, consultora en temas de género e infancia y experta en masculinidades
Sobre este caso creo que se está generando (no sé si de manera intencionada) un falsa polémica.
El debate aquí no es libertad de expresión versus derechos de la víctima, eso es no entender la violencia de género. Y sobre todo no entender la violencia vicaria. Y es curioso porque el caso Bretón fue precisamente el caso paradigmático que sirvió como marco para que porque fin se aceptara socialmente que la violencia vicaria, sobre todo cuando afecta a los hijos, es la que mas dolor causa a las mujeres.

José Bretón, asesinó a sus hijos Ruth y José
Que el propio autor no sea consciente de que el objetivo principal de Bretón, aparte de alimentar su ego, sea seguir causando daño a su exmujer, es no entender, o no querer entender nada. Y queda en evidencia cuando él mismo justifica no haber contactado con Ruth Ortiz con la excusa de que no quería causarla dolor, y ¿acaso no es consciente de que está siendo utilizado por el propio Bretón como herramienta para causar a la víctima el mayor daño posible?
Es decir, volver a ejercer violencia vicaria hacia Ruth Ortiz. Así que no, el debate no es contraponer derechos, el debate es si vamos a contribuir a que José Bretón siga ejerciendo violencia vicaria o vamos a ponernos del lado de la víctima y cumplir con nuestra obligación moral como sociedad de reparar y garantizar la no repetición de la violencia. Yo lo tengo claro.
Paola Aragón, periodista especializada en Feminismos
Incluso después de haber sufrido una de las mayores atrocidades que pueden materializarse en un contexto de violencia machista —el asesinato por violencia vicaria—, ni siquiera entonces el maltratador permite que la víctima avance dentro de sus posibilidades para seguir adelante. Sigue imponiendo su relato, de modo que Ortiz, como víctima, debe enfrentarse a la experiencia de pasar por delante de una librería, encontrarse de nuevo con su agresor en cierto sentido, recordarlo y quedar atrapada en ese dolor. Bretón marca los tiempos, los marcos de conversación, la agenda pública y también condiciona su proyecto de vida.
Imagino que ni la editorial ni el autor actúan con esas intenciones, pero la estrategia de un agresor machista es, precisamente, seguir maltratando. Lo hace a conciencia y continúa ejerciendo violencia sobre ella. Así opera en muchas ocasiones la violencia machista: aunque la víctima logre alejarse, él no la dejará en paz. Incluso después de haber asesinado a sus hijos, seguirá controlándola e impidiéndole levantar cabeza y ser libre, utilizando los métodos más impensables.