Yolanda Díaz es una de las políticas del momento; una figura más que presente en la agenda pública, y una de las dos protagonistas del torbellino político que desde el 11 de febrero acapara buena parte de los focos: el pulso en el Gobierno a cuenta de la tributación por IRPF entre quienes cobran el salario mínimo interprofesional (SMI).
La vicepresidenta segunda, ministra de Trabajo y Economía Social y principal referente de Sumar en el Gobierno de coalición, inaugurará el próximo lunes el ciclo Pioneras 14, patrocinado por las compañías Philip Morris y AC Hotels by Marriott. Se trata de una iniciativa de Artículo14 en la que mujeres referentes en sectores como la política o la economía conversan sobre su actividad, sus logros y sus objetivos.
La directora de este diario, Pilar Gómez, y su adjunto, Pablo Montesinos, participaran en el coloquio con la vicepresidenta segunda. El evento arrancará a las 9.30 horas del lunes 24, en el Club Monteverdi de Madrid, y para asistir es necesario acreditarse (info@articulo14.es) . Habrá representación tanto de la Patronal como de los sindicatos.
La lista de cuestiones a abordar es extensa. Díaz (Fene, La Coruña, 1971) llega a esta cita cuando está el ojo del huracán por su pulso con el Ministerio de Hacienda de María Jesús Montero. El enfrentamiento con el ala socialista del Ejecutivo es ya la polémica más sonada en la historia de la coalición, y ha servido a Díaz para sacar cabeza y marcar perfil propio. También para enfadar a parte de sus compañeros del ala socialista del Gobierno.
Ni siquiera la victoria de la vicepresidenta segunda frente a la propia Montero y el ministro de Economía, a cuenta de la aprobación de la jornada laboral, ha generado tantos titulares. En el camino hasta que el Consejo de Ministros dio luz verde al anteproyecto que vehicula esta medida, la iniciativa estrella de Sumar, también se dio un sonoro enfrentamiento.
Como lo ha habido (y lo hay) en materia fiscal. Y en lo que respecta a la gestión de los problemas para acceder a la vivienda. Aquí se registra una de las mayores brechas ente los de Díaz y los de Sánchez, a los que acusan recurrentemente de inmovilismo.
En los últimos días, el incremento en gasto militar exigido por la OTAN y por el presidente de EEUU, Donald Trump, se ha convertido en otro motivo de fricción, aunque de momento no ha escalado hasta los umbrales de alerta. Si se materializa, se da por hecho que volverán a saltar chispas entre los socios, como también ocurrirá entre el PSOE y los partidos que sustentan a la coalición en el Congreso de los Diputados.
Es, precisamente con los aliados, y particularmente con Junts, donde Díaz está jugando su partida paralela, intentando recabar apoyos para la reducción de la jornada laboral. Previsiblemente podrá ser aprobada por el Consejo de Ministros en segunda vuelta, ya para su remisión a la Cámara Baja, en escasas semanas.
Aquí, como hizo al arranque de la legislatura, cuando viajó al Parlamento Europeo para fotografiarse con Carles Puigdemont, para naturalizarlo como interlocutor, Díaz juega su papel, y conversa discretamente con el líder de Junts y otros dirigentes de su partido.
Recabar su apoyo a algunas iniciativas se ha convertido en una tarea casi titánica; por un lado, desde Sumar intentan retratar a Junts como una suerte de correa de transmisión de los postulados de la patronal catalana, Foment del Treball. Por otro, son mucho más optimistas que el PSOE sobre la viabilidad de los nuevos Presupuestos Generales del Estado para 2025.
Las cuentas públicas son especialmente necesarias para ellos, para impulsar nuevos permisos retribuidos o prestaciones universales que aspiran a poner en marcha. Y el tiempo, a juzgar por las estimaciones de las encuestas, no juega de su parte. Por eso la vicepresidenta segunda, cuyo rol en su partido debe aclararse en la Asamblea que tienen prevista para finales de marzo, abre ahora el melón de la unidad de la izquierda para las próximas citas electorales.
Díaz señala ahora a Podemos, sin citarlo, y trata de trasladar los focos sobre los morados, que llevan meses amagando con el retorno a Madrid de la Eurodiputada Irene Montero para dar la batalla en las próximas generales. La debilidad del espacio político ubicado a su izquierda preocupa a un PSOE que lleva semanas irritado por la actuación de Díaz con la última polémica que preocupa al Ejecutivo. Por mucho que suban los decibelios, ni el Gobierno peligra hoy, ni nadie quiere contemplar un adelanto electoral.
A las puertas del 8 de Marzo, y ante el retroceso en derechos que plantea la agenda de Trump, la vicepresidenta cree que toca gobernar con medidas más claras, actuar fiscalmente sobre los bolsillos más abultados. “Ensanchar la democracia”, como gusta de afirmar la vicepresidenta segunda. Este lunes tendrá ocasión de responder sobre esta y otras materias: de las heridas abiertas por el caso Íñigo Errejón, a sus posiciones sobre cómo articular el aumento del gasto militar.
Abogada laboralista
Díaz es abogada laboralista y ejerció como tal, si bien al arranque de la década de los 2.000 dio el salto a la política institucional. Ha sido concejala en el Ayuntamiento de Ferrol (2003-2011); primera teniente de alcalde en ese consistorio; diputada en el Parlamento de Galicia (2012-2016), y diputada en el Congreso (por A Coruña y por Pontevedra) desde 2016. Recibió la cartera de ministra de Trabajo y Economía Social en 2020, después fue ascendida a vicepresidenta (2021) con la salida de Pablo Iglesias del Gobierno.
Entonces tomó las riendas de Unidas Podemos, y en 2023 lanzó Sumar, un proyecto que el partido morado rechazó casi desde sus inicios. Las pugnas internas, el boicot morado y las dificultades para aunar a una decena de partidos distintos, han hecho mella en su liderazgo orgánico, del que dimitió tras los malos resultados de Sumar en las elecciones al Parlamento Europeo. Díaz es la principal referente de los suyos en el Gobierno, pero sin un cargo de partido, y trata de obviar todo lo relacionado con los partidos, para centrarse en relanzar su perfil como ministra de Trabajo.