Felipe VI ha inaugurado hoy en Granada el Foro sobre el Futuro del Mediterráneo, un encuentro de representantes de las cámaras parlamentarias de los Estados de la región mediterránea en el que se va a debatir durante dos días sobre movimientos migratorios, cambio climático, empleo juvenil e igualdad de género.
La Asamblea Parlamentaria de la Unión por el Mediterráneo, denominada inicialmente ‘Proceso de Barcelona: Asociación Euromediterránea’, es una organización internacional que agrupa actualmente a 43 países: todos los Estados miembros de la UE y países del norte de África, los Balcanes y Oriente Medio. Entre los 15 socios: Albania, Argelia, la Autoridad Nacional Palestina, Bosnia y Herzegovina, Egipto, Israel, Jordania, Líbano, Marruecos, Mauritania, Mónaco, Montenegro, Siria, Túnez y Turquía.
Don Felipe ha iniciado su discurso haciendo referencia al inestable tablero político que vivimos. “El mundo vive días convulsos, y el extremo oriental de la cuenca Mediterránea vuelve a estar, por desgracia, en el epicentro de la tensión, el conflicto y la tragedia. Las imágenes de sufrimiento y desolación nos hacen muy difícil hablar de esperanza y de futuro”, ha afirmado.
El Jefe del Estado ha apelado al consenso entre las fuerzas políticas, al igual que hizo a principios de semana, en el foro Wake Up, Spain! en el que apeló al sentido de Estado entre los partidos políticos en la búsqueda de un sistema de defensa eficiente. No únicamente enfocado hacia la guerra en Ucrania, sino también hacia la inestabilidad que asola el Mediterráneo y la zona del Sahel.
“Ese consenso en torno al sentido y la importancia del fenómeno migratorio nos obliga a luchar contra sus lados más oscuros: las redes que operan al margen de los cauces legales, las mafias que trafican con personas y cuyas víctimas primeras son los propios migrantes: sus expectativas de futuro, su integración, sus derechos, su dignidad”, ha aseverado el Monarca. “Debemos seguir trabajando por una migración ordenada, segura y regular y tratar de dar respuesta, entre todos, a los desafíos –de seguridad, climáticos y socio-económicos- que a menudo subyacen a la decisión de abandonar la propia tierra”.
El Monarca ha señalado como uno de los principales desafíos “la erradicación de la violencia de género, la lucha por la igualdad y por el lugar que le corresponde a la mujer”. El Monarca, que transmite la línea política del Ejecutivo, ha señalado: “España, como saben, lleva años apostando con firmeza por la igualdad, fruto de un sentir amplio y arraigado de la sociedad española que es hoy un signo distintivo también de nuestra política exterior”. Para el Rey, la igualdad “es un proceso siempre en marcha, un aprendizaje constante que debemos abordar desde una perspectiva integral, que abarque la educación, el empleo, la sanidad, la economía, el mundo de la empresa, las administraciones públicas”.

Cambio climático y juventud
Son numerosas las ocasiones en las que el Rey aborda el tema del cambio climático. Y así ha hecho en esta ocasión: “Sabemos también las consecuencias de no afrontar con absoluta seriedad los riesgos climáticos en nuestra economía, en nuestra sociedad, en nuestro modo de vida ─y los países mediterráneos con mucha frecuencia lo vivimos o padecemos en primera persona─. Así que debemos seguir cooperando para hacer de la nuestra una región cada vez más resiliente y también neutra en términos de emisiones de CO2”.
En cuanto a los jóvenes, el Jefe del Estado ha destacado la importancia de referirse “a los jóvenes; a sus expectativas en relación con el acceso a la educación superior, al mercado de trabajo, a la vivienda y a la financiación para el emprendimiento”, ha aseverado. “Cooperemos, en particular, en la creación de empleo juvenil de calidad, la formación profesional, el acceso a la tecnología y la igualdad de oportunidades. Demos a los jóvenes, a sus proyectos e iniciativas, ese impulso que necesitan para participar de la construcción de una sociedad futura, de una sociedad mejor”.
Ayer, miércoles, a modo de preámbulo del Foro, el rey asistió a la plantación, en el Palacio Carlos V de la Alhambra, de veintidós olivos, como símbolo universal de paz, junto a los jefes de las delegaciones parlamentarias asistentes al encuentro.