Opinión

Mi Papa es Francisco, no Trump

Papa Francisco - Internacional
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Un corpúsculo ínfimo, irritante y vocinglero de presuntos católicos anda por X y por Youtube celebrando la neumonía bilateral que padece el papa Francisco –desde el sábado, su estado es crítico–, cuando no difunde el bulo de su defunción o, incluso, le desea en abierto una muerte inminente. No hace falta ser Woodward, Bernstein o Javier Chicote para comprobarlo: cualquiera, con un par de clics, puede avistar semejante géiser de infamias. El perfil de esta gentuza carece de misterio: se arrodillan ante el sagrario, pero adoran a Mammón; desoyen las antífonas de la basílica de San Pedro del Vaticano, pero repiten, psitaciformes, las proclamas del Kremlin; asienten serviles cuando Trump llama “dictador” a Zelenski y tuercen el hocico ante San Lucas, 6, 24-26. “Si Cristo volviera”, que decía el maestro Quintero, “lo volverían a crucificar, pero esta vez en la televisión”. Ahora, en Instagram o en TikTok.

Jamás ha sido Jorge Mario Bergoglio santo de mi devoción. Sobre todo, por aquel vomitivo “si un amigo dice una mala palabra de mi mamá, puede esperarse un puñetazo”, al poco de que dos carniceros islamistas asesinaran a doce personas en el semanario satírico Charlie Hebdo, y por su alergia al significante y al significado del vocablo “España” –como botón de muestra, recordemos aquel tuit chorra sobre el Diluvio valenciano, en el que pedía rezar “por las poblaciones de la Península Ibérica”–. También por el manotazo que le soltó a una feligresa asiática. O por no asistir a la reapertura de Notre Dame. O por declarar que “son los comunistas los que piensan como los cristianos”. Regardez la gilipolluá.

Con Francisco me está pasando lo que con los toros: los animalistas me hicieron taurófilo; los putinejos trumpistas, franciscano. He querido dotar de mayor nitidez mi opinión sobre el Pontífice y, para ello, he leído noticias y perfiles sobre él –recomiendo el del amigo Toni Simón en esta casa–, entrevistas y, reconozco que sólo por encima, dos encíclicas: Fratelli tutti y Dilexit nos. Piensa, cuenta y predica cosas interesantes este Papa. Me gusta que tema más “a los anestesiados que a los dormidos”; que reivindique el servicio, el capítulo 25 de Mateo y el “escándalo bueno” del Evangelio; que perdone el “pecado muy grave” del aborto porque “no existe ningún pecado que la misericordia de Dios no pueda alcanzar”; que rechace juzgar a los homosexuales que buscan al Señor y tengan “buena voluntad”; que no margine a los marginales; que no deshumanice a los inmigrantes y que llore con los refugiados, etcétera.

Hace unas semanas, Francisco publicó una carta dirigida a los obispos estadounidenses en la que censuraba los “muros de ignominia” de Trump y exhortaba a “no ceder ante las narrativas que discriminan y hacen sufrir innecesariamente a nuestros hermanos migrantes y refugiados”. En 2016, dijo que “una persona que piensa sólo en hacer muros, sea donde sea, y no hacer puentes, no es cristiano”. Respuesta del presidente estadounidense: “El Papa desearía y rezaría por que yo fuera presidente si el Vaticano fuera atacado por el Estado Islámico”. Ahora, mientras el magnate, desvergonzado, pretende convertir Gaza en un resort, el Santo Padre telefonea a diario, desde el hospital, a su compatriota Gabriel Romanelli, párroco de la iglesia de la Sagrada Familia en la ciudad palestina. Ha agradecido los numerosos mensajes de afecto y, “especialmente, las cartas y dibujos de los niños”. También ha nombrado obispos y autorizado canonizaciones –como la de José Gregorio Hernández, conocido como “el médico de los pobres”, que había logrado el escalafón de beato en 2021–. Su humanidad indigesta a los supuestos seguratas de los “valores y raíces cristianos” de Occidente, y algunos sicofantes fantasean en el safari virtual del ángel Musk con que la espiche. Se le atribuye a Leonard Cohen este aforismo: “A veces uno sabe de qué lado estar, simplemente, viendo quiénes están del otro lado”. Pues eso. Mi oración está con la de esos cientos de miles de católicos que, urbi et orbi, piden por la pronta recuperación de Su Santidad. Ojalá Dios así lo quiera: este avispero llamado mundo le necesita.

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