El pasado sábado, tras el Real Madrid-Leganés, los dos grandes diarios deportivos nacionales, As y Marca, publicaron sendas contracrónicas sobre la actuación de Arda Güler. En su segunda temporada de blanco, el mediapunta turco sigue sin gozar de un gran protagonismo, así que su titularidad era una buena ocasión para ponerlo bajo una lupa especializada. O bajo dos. En Marca, Juan Ignacio García-Ochoa valoró su desempeño como “una gran actuación”, “un partido bastante completo y maduro”. En As, Agustín Martín tituló: “Arda, de mal en peor”.
Según As, Arda “escuchó algunos tímidos pitos” de su propia afición, deja una “sensación de desconexión para con sus compañeros” y “empieza a ser residual en la plantilla”. En Marca no hay pitos, ni tímidos ni de otro tipo, y resulta que Arda “espera seguir disfrutando de minutos con los que seguir afianzándose en la plantilla como un jugador importante”.
Pero no sólo hay discrepancias entre distintos analistas y periódicos. En su texto, García-Ochoa concede que “no se vio al futbolista brillante que espera el Bernabéu”. Sin embargo, el hilo de Twitter con el que el diario trató de viralizar la pieza aseguraba: “Arda Güler brilla en su sexto partido como titular en Liga”. El tirabuzón con el que la paradoja de Arda se proyecta sobre sí misma mientras maúlla el gato de Schrödinger.
Para gustos, los colores, dirá alguno. Alguno que piense que esto es una cuestión de gustos y no de criterio. Por suerte, hace ya muchos años que los aficionados pueden ver todos los partidos de su equipo. Y pueden discernir ellos mismos si Arda Güler jugó bien, mal o regular.
Dejando atrás este ejemplo –con su punto divertido–, me pregunto hasta qué punto es necesario escribir sobre cosas que la mayoría de los aficionados ya han visto por televisión. A veces creo que, transcurrido ya un cuarto del siglo XXI, seguimos empeñados en exprimir los formatos del XX pero en soporte digital. Y lo peor de todo: hay quien confunde hacer periodismo de calidad con insistir en formatos desfasados que ya no consume (casi) nadie. Cuanto más previsible y encorsetado, mayor calidad.
El ejemplo más rotundo es el agotamiento del manido binomio previa-crónica, explotado durante décadas por su eficacia y sencillez, y que tanto prestigio ha repartido entre el gremio a poco que uno tuviera buena pluma. Quizá sea una impresión mía, pero en pleno declive del texto de actualidad anclarse en ese modelo es el mejor camino hacia la irrelevancia. Dentro del previa-crónica podemos englobar también esos reportajes light que aliñan lo ya conocido por todos con un chorrito de estadística y alguna declaración rascada en zona mixta o sala de prensa, igualmente accesibles hoy para el común de los mortales.
Sin información nueva, sin enfoques interesantes, sin prosa memorable, sin grandes firmas independientes de referencia… No encuentro muchos motivos para sentarme a leer sobre fútbol en la prensa diaria. La atención que exige la lectura no se ve recompensada y acaba volando a otros territorios, más interesantes o simplemente menos ingratos. Con los tostones que tenemos que tragarnos a veces, como para prolongar la agonía.