Caso Le Scouarnec

Nuevo macrojuicio a un pederasta: 299 niños y niñas de unos 11 años violados en Francia

Sus colegas médicos le describían como "un profesional extremadamente amable y competente", alerta a Artículo14 la abogada Marie Grimaud, que representa a 37 víctimas

Roland (izq.) y Maury (der.) Vinet, afuera del tribunal con un retrato de su nieto y víctima Mathis, el primer día del juicio de Joel Le Scouarnec en Vannes, Francia, el 24 de febrero de 2025. EFE/EPA/TERESA SUAREZ

299. Este es el espantoso número de víctimas potenciales que la Justicia de Francia pudo identificar en el cuaderno personal que el médico Joel Le Scouarnec, hoy con 74 años, mantuvo sobre las violaciones y agresiones sexuales que cometió contra sus pacientes, niñas y niños de 11 años de promedio, durante las décadas en las que ejerció como cirujano en varios hospitales y clínicas del oeste de Francia. Desde este lunes, el tribunal de Vannes empieza a juzgar el que ya se considera el más vasto caso de crímenes de pedofilia de la historia del país.

Sin embargo, no es solo la cantidad descomunal de víctimas que llama la atención: son también las faltas graves de un sistema que permitió a Le Scouarnec seguir ejerciendo como médico y en contacto con niños pese a su condena en 2005 a cuatro meses de prisión (con suspensión de pena) por posesión de imágenes de pornografía infantil, gracias a una alarma lanzada por el FBI a las autoridades francesas. El tribunal de Vannes, que lo condenó, no habría enviado esta sentencia a los hospitales donde el cirujano ejercía, ni al Colegio de Médicos.

Un colega dio la voz de alarma

Un colega psiquiátrico, seis meses después, supo por casualidad de la condena, además de presenciar comportamientos raros. Decidió entonces escribir a la dirección del hospital. A raíz de esta carta, poco a poco, otras instancias tomaron conocimiento, del Colegio de Médicos al Ministerio de Sanidad. Cada una, por una razón distinta, decidiría no sancionar al doctor.

El perverso Le Scouarnec fue finalmente detenido ya en 2017, algunos meses antes de jubilarse, después de que una vecina lo denunció por haber violado a su niña de seis años en la verja del jardín. Durante la búsqueda policial, se encontraron en el domicilio del médico decenas de muñecas (algunas de la talla de una niña), diversos discos duros y cuadernos íntimos donde detallaba todo lo que hacía a sus pacientes, con fecha, nombre y local de lo sucedido, desde al menos 1989.

En 2020, la Justicia le condena por segunda vez: 15 años de cárcel por violación y agresión sexual contra menores de edad y producción de imagen de carácter pornográfico. Y, 2025, es la vez del juicio de mayor envergadura. Y eso tan solo dos meses tras el juicio histórico de Gisèle Pelicot, en Aviñón. Se calcula que en realidad el número de víctimas ronda los 400, aunque muchas no pudieron ser identificadas en la instrucción o, de haber prescrito los crímenes, sólo podrán participar en el juicio a condición de testimonios.

‘Una sala de audiencias inadaptada’

“Cómo ha sido posible que la Fiscalía no haya informado al Colegio médico, y que éste, cuando lo supo, no haya hecho nada?”, se pregunta la abogada Marie Grimaud, que representa a 37 víctimas, sobre los errores institucionales que dejaron al pederasta libre para seguir violando a sus pacientes.

Esta experta recibe a Artículo14 en su despacho, a dos pasos de la Place de la République. Tiene una agenda apretada. Es el último día antes de que esta batalla emigre a los asientos del tribunal de Morbihan, en Vannes. En la mesa de reuniones, un esquema repleto de post-its expone en colores el cronograma de las audiencias.

De entrada, la letrada lamenta que las esferas jurídico-policiales sean tan irrespetuosas con las víctimas. Primero, en la instrucción, al no concederles ningún tipo de apoyo psicológico. Después, al justificar la falta de presupuesto para organizar un juicio en el que las víctimas no estarán en la sala de audiencias, sino reunidas en un anfiteatro, lejos de sus abogados y de la mirada de los jueces. “Podrían haber elegido otro tribunal con más capacidad, los hay, como el que juzgó los ataques [terroristas] del Bataclan” en París.

La decisión de solo realizar audiencias de media jornada, en vez de jornada completa -en teoría, para ahorrar con las horas extras del personal-, hace que el proceso dure cuatro largos meses. El resultado, según la abogada, es que pocas víctimas podrán comparecer a todas las audiencias y, lo que también es grave, pocos de sus abogados.

Grimaud, que hace 15 años actúa en el derecho de la infancia, revela lo que le dijeron junto a las instancias jurídicas para justificar la media jornada: “Que el señor médico era muy mayor, podría cansarse con audiencias largas”.

Un médico apreciado

Entre sus colegas, describían a Le Scouarnec como un profesional extremadamente amable y competente, nos cuenta Grimaud. Pero es también alguien que supo elegir adrede los locales para sus crímenes: hospitales con dificultades presupuestarias y falta de personal. El especialista en cirugía digestiva se hacía pasar como alguien generoso a quien se le podía confiar, solo, la consulta o los cuidados de un niño. Así, actuaba como si en realidad estuviese ayudando a liberar a las enfermeras, en número reducido, para otras tareas. Una de las víctimas, de hecho, fue operada por Le Scouarnec a pedido de su madre, enfermera que conocía y admiraba al cirujano.

Las violaciones ocurrían sobre todo durante consultas o mientras los pacientes estaban anestesiados -la gran parte de ellos operada de urgencias por apendicitis-. En otros casos, cuando se despertaban de la anestesia. “Él abusó de su posición de autoridad, todos confiaban en sus actos médicos”, afirma la letrada.

El papel de los medios

Un poco antes de empezar el juicio que en 2020 le condenó a 15 años de cárcel, hubo una oleada mediática que, según Grimaud, ha sido muy dañina para las víctimas. Ella se acuerda de clientes acosados delante de su casa o en el trabajo. Al enfrentarse repetidamente a sus traumas, algunos de sus clientes intentaron suicidarse.

La abogada no se intimida en criticar al periodismo ‘de urgencia’. “Tras una entrevista, el periodista sale contento con su titular, pero la víctima, ella, volvió a activar el trauma y encima se queda sola. Todo eso por unas comillas de unos minutos. Hay que plantearse cómo y por qué hablar con una víctima”, advierte Grimaud, consciente de que la segunda oleada mediática, y quizás la más fuerte, acaba de empezar.