Así fue la caída de Maduro tras una década en el poder

El avión en el que las tropas estadounidenses trasladaban al mandatario venezolano, Nicolás Maduro, y su esposa, Cilia Flores, a Nueva York ya ha aterrizado

El Boeing 757 en el que las tropas estadounidenses trasladaban a Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores, ya ha aterrizado en Nueva York, según ha informado EFE. A partir de ahora, el mandatario venezolano quedará bajo custodia en una prisión federal, a la espera de comparecer ante un juzgado neoyorquino en los próximos días.

Siete explosiones sacudieron Caracas, la capital de Venezuela, a las 2:00 de la mañana, hora local. En redes sociales circularon videos de los bombardeos y de varios helicópteros de combate estadounidenses.

La respuesta oficial fue tardía. Una hora y media después de que se escucharan las detonaciones, que también se dieron en otros estados, principalmente en instalaciones militares, puertos y aeropuertos, la Cancillería condenó la agresión estadounidense.

Tardó más de dos horas para que el ministro de la Defensa del país, Vladimir Padrino López, saliera en un video en solitario y en uniforme de campaña para denunciar “el ultraje más grande que ha sufrido el país” que se produjo después de más de cuatro meses de un despliegue aeronaval sobre el mar Caribe y las constantes amenazas de Estados Unidos y su presidente, Donald Trump, que Nicolás Maduro tenía los “días contados”.

En efecto, poco después de la alocución de Padrino López, el propio mandatario estadounidense confirmó la operación militar que definió como de “gran escala” y anunció la captura del líder del chavismo y su esposa, Cilia Flores.

Su vicepresidenta, Delcy Rodríguez, poco después confirmó que Maduro estaba en “paradero desconocido”, por lo que exigió una prueba de vida del depuesto mandatario y su esposa, quien es diputada a la Asamblea Nacional, el Parlamento venezolano que desde el año 2021 domina el chavismo.

Es a ella, según la Constitución venezolana, quien le corresponde asumir el poder en ausencia del jefe de Estado. Sin embargo, la reelección de Maduro, en julio de 2024, fue declarada fraudulenta por la oposición venezolana que con pruebas demostró el triunfo de su abanderado en ese proceso, Edmundo González Urrutia, hoy en el exilio en España.

Ni él ni la líder opositora y Premio Nobel de la Paz 2025, María Corina Machado, han hablado. Por el contrario, decidieron guardar silencio durante las primeras horas del mayor ataque de Estados Unidos en Latinoamérica desde que depusieron a Manuel Antonio Noriega en Panamá en la invasión de 1989.

Lo que sí quedó claro fue la orden de militarizar el país, un llamado que hicieron desde la Cancillería hasta el número dos del chavismo, Diosdado Cabello, quienes pidieron a la población a salir a la calle y mantenerse en “perfecta unión cívico-militar policial”.

No hubo oposición al poderoso despliegue estadounidense sobre el espacio aéreo venezolano. Videos que no han sido confirmados apenas mostraron intentos de contrarrestar la presencia de las aeronaves extranjeras, sin éxito como lo demostraron con la captura de Maduro.

Los venezolanos, tras la represión que se desató a finales de julio y principios de agosto de 2024, ha sido muy cauta. Celebran en grupos de Whatsapp y con mucha reticencia, en especial por los arrestos y duras condenas desde entonces contra quienes cuestionaron el triunfo de Maduro y que dejó penas de cárcel de hasta 30 años contra una doctora, a quien recientemente excarcelaron.

Maduro que hasta el jueves habló en una entrevista con el periodista español Ignacio Ramonet de su disposición de cooperar con Estados Unidos en la lucha contra el narcotráfico y de permitir un mayor ingreso de capital de ese país en el sector petrolero venezolano, insistió en que lo querían deponer del poder. Finalmente ocurrió, pero por ahora no hay celebraciones ni pueblo en la calle.

El decreto de conmoción exterior, que los voceros del chavismo insistieron que Maduro firmó, no se sabe cómo si fue capturado, establece restricciones a garantías constitucionales y faculta la movilización de militares para restituir el orden en el país en caso de una agresión extranjera como efectivamente ocurrió en la madrugada venezolana.

Cabello habló de “calma” en el país. El canal estatal venezolano de televisión mostró imágenes del casco central de Caracas que en la madrugada lucía solitario y aún adornado con decoraciones de Navidad.
Rodríguez, quien debería asumir el poder, mencionó fallecidos, tanto civiles como militares. A estos últimos los llamó “mártires”, pero no dio más detalles sobre el número de bajas que dejó la incursión militar estadounidense.

Trump la calificó como “una operación brillante” y saludó a los militares de su país por la captura de Maduro, a quien Estados Unidos acusa de liderar un cartel del narcotráfico y por el que ofrecía una recompensa por 25 millones de dólares por su captura.

De momento no se conocen detalles de cómo se dio la operación para arrestar a Maduro ni si contó con complicidad de su equipo de seguridad o del propio líder chavista, quien llegó al poder en 2013, tras la muerte de Hugo Chávez, y que gobernó con mano de hierro hasta el punto de enfrentar una investigación en la Corte Penal Internacional por la presunta comisión de crímenes de lesa humanidad desde el año 2014, apenas un año después de tomar el poder para continuar la llamada revolución bolivariana.

Los principales voceros del chavismo, de momento, han salido a pronunciarse. Delcy Rodríguez que es su vicepresidenta y una de sus más firmes aliadas; la de Vladimir Padrino que controla el aparato militar y Cabello, que ha sido desde Chávez el número dos del movimiento político que impuso el fallecido líder y que desde agosto pasado lidera los cuerpos de seguridad civiles y de inteligencia.

Es muy pronto para saber qué pasará, si ocurrirá una transición hacia la democracia o más bien un afincamiento del chavismo como una autocracia que con Maduro provocó la mayor crisis migratoria del continente americano y expulsó de Venezuela a casi 8 millones de personas desde al menos 2015.

Una década después de llegar al poder y casi a un año de tomar posesión para su tercer mandato, el sucesor de Hugo Chávez enfrentará un proceso penal en Estados Unidos que lo llevaría a la cárcel, a menos que haya negociado con Donald Trump para salvaguardar su vida, su esposa y su entorno más cercano.