El esmalte malva ha dejado de ser una opción discreta para convertirse en una declaración de intenciones. El lavanda, ese primo más calmado del lila que lleva décadas rondando el radar primaveral, ha dado con su momento de gloria. Y lo ha hecho sin necesidad de estridencias, como una invitación sutil a abrazar el color sin caer en el exceso. Si el azul eléctrico ha llegado esta temporada para gritar, el lavanda susurra. Y se le escucha igual.
No es casualidad que Selena Gomez lo haya llevado en sus uñas con una naturalidad que solo puede venir del que intuye que está marcando el camino. Ni que firmas como Chanel, Essie o OPI hayan rescatado esta gama con nombres tan poéticos como estratégicos: Lilac You Mean It, Rêverie o Lavender Fields Forever. Porque sí, hasta los nombres importan cuando hablamos de color.
Pero ¿por qué ahora? ¿Por qué este tono? Puede que la respuesta esté en lo que representa. El lavanda llega como el equilibrio perfecto entre lo neutro y lo juguetón. No exige tanto como un rojo sangre ni pasa tan desapercibido como un nude. Es amable. Es fresco. Y, sobre todo, es fácil de llevar.

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Técnicamente, es un color que favorece a prácticamente todos los tonos de piel. El subtono frío lo hace ideal para manicuras limpias, pulidas y con acabado gel. Se adapta a todas las longitudes de uña -sí, también en las cortas, aunque TikTok diga lo contrario- y funciona tanto en acabados brillantes como mates, en versiones monocromáticas o con nail art discreto: líneas blancas, pequeños puntos metálicos, algún que otro diseño floral con aires noventeros.
Y si bien no es nuevo, lo que cambia este 2025 es el enfoque. El lavanda ya no es ese color reservado para adolescentes que juegan a ser mayores o para mujeres que quieren parecer más dulces de lo que son. Ahora es para todas. Para las que mandan notas de voz de tres minutos y para las que usan el color como armadura. Para las que saben que una buena manicura no te cambia la vida, pero puede hacer que ese lunes sea un poco menos lunes.
En el fondo, lo que está ocurriendo con el lavanda no es solo una tendencia estética: es una forma de reconciliarnos con el color sin tener que irnos al otro extremo. Sin necesidad de levantar la voz. Y quizá, solo quizá, por eso se está convirtiendo en el nuevo básico de la primavera.