ESTILO 14

Con “a” de arquitecta

La contribución intelectual de las mujeres al pensamiento del siglo XX está por completar. Muchos saben quien fue Le Corbusier, pero pocos tienen noticia de quién fue Elsa von Freytag-Loringhoven

1979- Margarita Mendizábal en su estudio

Muchos saben quién fue Le Corbusier, el arquitecto suizo que formuló los principios de la arquitectura moderna cuya Chaise Longue de 1928 se expone en el MoMA ya junto al nombre de Charlotte Perriand, a quien quizá no tantos conocen. Sabemos de Marcel Duchamp y su Fuente de 1917, expuesto en el Metropolitan Museum y firmado R. Mutt, pero pocos tienen noticia de quién fue la baronesa Elsa von Freytag-Loringhoven, a quien se atribuye dicha obra, aún de manera incierta. Los nombres de Lily Reich, Lucía Moholy (Schulz) van siendo desvelados, o el de Denise Scott Brown (Lakofski), para quien más de mil setecientos arquitectos han solicitado el reconocimiento retroactivo al Premio Pritzker por su trabajo con Venturi, otorgado a él, denegado a ella. Todas ellas y tantas más componen relatos dentro de los relatos oficiales que es preciso estirar y ensanchar para la historia.

Está siendo necesario remover capas historiográficas y empeñarse en precisas investigaciones en torno a las ausencias para rescatar la autoría femenina en todos los campos. La contribución intelectual de las mujeres al pensamiento del siglo XX está por completar; no ocurrió en España al principio de la Transición democrática, cuando muchas quisimos creer que la igualdad ya nos alcanzaba, pero hoy la mirada de género con justeza y sentido es una ola que no conviene asociar solo con irreductibles feminismos. Junto a la fascinación por el descubrimiento de las primeras arquitectas españolas, impresiona lo poco que hemos reparado en ellas; el discurso de nuestra invisibilidad, incluso para nosotras mismas, es un tema sobre el que conviene no perder la perspectiva.

1933-Matilde Ucelay dibujando en Granada

Cada 8 de marzo mis estudiantes mejoran su respuesta a la petición de repasar colectivamente los nombres de las arquitectas y diseñadoras que conocen. La letanía que costosamente desgranan les sorprende y demora menos cada año, en un esperanzador registro que sueño resulte algún día innecesario.

Solo 8 mujeres se hicieron arquitectas en Madrid entre 1936 y 1960; son las primerísimas, de las que vamos conociendo biografía y desempeño profesional. Sin embargo, aún sabemos muy poco del escaso centenar de mujeres que se titularon en España en la década siguiente. Hasta 1970 la mayoría habían seguido los largos cursos preparatorios que se exigían para entrar en las carreras politécnicas, poco
compatibles con los territorios domésticos a los que parecían destinadas.

1964-Juana Ontañon. Visita de obra

Estamos descubriendo a Juana Ontañón, a Cristina Gonzalo o a Eugenia Pérez Clemente gracias a sus familiares; a Emma Ojea y a Antonia González-Valcárcel porque legaron el archivo del estudio que compartieron con sus socios y compañeros; a Emilia Checa, Gloria Alcázar, Teresa Rodríguez-Carrascal, Margarita de Luxán, Ángela Souto, Rita Iranzo, Amparo Berlinches, Teresa Arenillas y muchas más, porque conversando con ellas aprendemos de su trabajo y su valía.

Un gran hospital, unas escuelas rurales con casas para maestros, una nave industrial tan delicada como abandonada, las casas unifamiliares que remiten a barrios enteros de vivienda social como si fueran un mismo pensamiento en el tablero, la serie de estaciones de una línea del metro, la participación de los vecinos en la remodelación de una corrala, el planeamiento de la ciudad proyectado y dibujado casa a
casa, el proyecto docente, el diseño del detalle, los congresos internacionales y tantas obras más que remiten a las firmas de Ucelay, Pérez Sheriff, Mendizábal, Adiego, Maestro, Rey, Bravo o Iranzo, citando solo a algunas. Mirar sus obras y sus semblantes es encontrar la perspectiva para interpretarlas y reconocernos en la arquitectura contemporánea.

1975- Mª Antonia G-Valcarcel. Visita de obra

Ser minoría les confirió un mínimo empoderamiento que tuvo mucho de esfuerzo e inteligencia. Un hecho que provoca en ocasiones que socios, compañeros y maridos demanden aparecer junto a los nombres de ellas. Bien, hará falta tiempo y espacio para normalizar lo obvio.

Iniciativas de reciente andadura como La Casa de la Arquitectura del Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, y la Galería de Arquitectura del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid, se van involucrando en subsanar olvidos. La aportación femenina a la arquitectura española no puede prescindir de sus inicios; las mujeres que nos han precedido en el trabajo de la arquitectura son imprescindibles para completar los referentes de la profesión en España.

1981- Carmen Bravo y el equipo de Palomeras Sureste

Mujeres fuertes en una persistente invisibilidad cuando ya habían levantado el vuelo. Hablan de sí mismas como arquitectos, en testimonio del lento evolucionar del lenguaje que solo desde el cambio de milenio utiliza oficialmente el femenino para las arquitectas y doctoras arquitectas. La “o” final era una reivindicación de género entonces como es la “a” que utilizamos ahora. Unas letras tenaces cuyo uso delimita la cronología, pero también unifica las convicciones. Espero que las protagonistas nos permitan pasar de una vocal a otra como signo de cambio y respeto.

Eva Hurtado es arquitecta y docente en UDIT (Universidad de Diseño, Innovación y Tecnología en Madrid)

TAGS DE ESTA NOTICIA