Un día sin productos americanos

Las políticas comerciales de Trump avivan el 'patriotismo económico' en Europa con alternativas locales. Pero esta corriente puede generar un efecto contrario porque estas marcas crean riqueza en la UE

Mientras el mundo mira a Washington para comprobar qué nuevos aranceles anunciará la Administración Trump, las llamadas en Europa a boicotear productos estadounidenses evitando su compra se multiplican. El problema: evitar los productos estadounidenses es algo extraordinariamente difícil.

Prueba de ello es imaginar la rutina de una joven española. Lo primero que hará al despertarse a las siete de la mañana será consultar el móvil. Primer click: WhatsApp. Propiedad de Meta, la app de mensajería es estadounidense. Segundo click: Google, para consultar las últimas noticias que le aparezcan en la pestaña de Discover. También una plataforma de EEUU.

Del desayuno…

Al poner los pies en el suelo, la joven irá a desayunar y si se hace unas tostadas con margarina ‘Flora’ recordará que la marca fue adquirida por el fondo estadounidense KKR hace ya unos años. Si opta por unos cereales, vigilará la marca: Frosties, All-Bran… muchas son de la norteamericana Kellogg’s.

A lo mejor no tuvo tiempo para hacerse el táper la noche anterior (y si sus fiambreras son de Tupperware, también serán productos estadounidenses). Si le da tiempo a calentar algo precocinado es susceptible que sea de Unilever, otro de los grandes conglomerados de marcas que, a pesar de su origen angloneerlandés, también está en la diana de muchos boicots europeos por sus accionistas estadounidenses. Si opta por llevarse algo para picar a la oficina, una chocolatina, por ejemplo, seguramente sea de Mars Inc, también de EEUU.

… a la cena

Con el bolso listo, la joven podrá irse al armario para vestirse. Unos vaqueros Levi’s: una de las marcas más emblemáticas. De camino a la oficina parará por un Starbucks, y a mediodía necesitará algo más de cafeína por lo que se comprará una Coca-Cola en la máquina del comedor. Si no tuvo posibilidad de llevarse un táper, tal vez se pase por un restaurante de comida rápida cercano a la oficina, tanto McDonald´s como Burger King, nacieron al otro lado Atlántico.

Al terminar su jornada laboral podrá ir al gimnasio, para lo que se pone sus zapatillas Nike. Y al acabar el día, si se echa en el sofá a ver una serie… en Netflix, también estará consumiendo una enseña americana.

Marcas cotidianas

Es difícil imaginar un día sin marcas americanas, una cesta de la compra sin productos de EEUU. Muchos de los productos de uso cotidiano pertenecen en realidad a grandes conglomerados estadounidenses. Desde ambientadores a geles de baño o detergentes de Procter and Gamble (P&G) a su productos de higiene bucal (Oral B, Listerine, Colgate); refrescos (Coca-Cola o Pepsi), galletas (Oreo), o ropa (Levi’s, Nike), por no hablar del papel que juegan las grandes tecnológicas como Netflix, Google o Amazon, presentes en el día a día de millones de consumidores, como otros tantos productos estadounidenses. Y estos son únicamente algunos ejemplos.

No en balde, la Cámara de Comercio de los Estados Unidos en España (AmChamSpain) recordó a mediados de febrero que las exportaciones de bienes y servicios de EEUU a España alcanzaron en 2024 los 24.700 millones de euros, mientras que las importaciones desde España a EEUU rozaron los 21.300 millones: el saldo es favorable para EEUU en 3.400 millones.

Día de la Liberación

Los nuevos aranceles de Donald Trump y EEUU pueden tener múltiples respuestas, y no todas tienen por qué venir de gobiernos. Trump ha bautizado este miércoles como “el Día de la Liberación”, por ser la jornada en la que anunciará nuevos impuestos a la importación de bienes, muchos de ellos europeos. Mientras diversos sectores -como el del vino, el aceite de oliva o las aceitunas negras, si pensamos en alimentación- contienen la respiración, Bruselas asegura que no tendrá líneas rojas a la hora de responder a estos aranceles que están por concretarse… aunque la contestación del bloque comunitario no será la única.

Las represalias pueden llegar por otras vías, al margen de la institucionalidad. A principios de marzo Haltbakk Bunkers, el principal operador de los puertos noruegos, anunció que dejaría de suministrar fuel a las flotas militares estadounidenses que recalen en sus costas. El anuncio lo hizo la compañía pocas horas después de la fallida reunión en la Casa Blanca entre Trump, su vicepresidente JD Vance, y el ucraniano Volodimir Zelenski.

Boicots ciudadanos en Europa

Por otro lado, no hay nada más político que el bolsillo de los ciudadanos. Cada vez son más las voces que animan a boicotear los productos estadounidenses no comprándolos. El fenómeno se está dando especialmente en Canadá, país vecino de EEUU, muy interpelado por los discursos expansionistas que Washington viene protagonizando estas semanas.

Pero ya se oyen llamamientos similares en Europa, especialmente en el norte del continente. Un grupo en Facebook con más de 93.000 noruegos, y otro con más de 83.000 suecos están organizando la información necesaria para que los consumidores, a título individual, empiecen a evitar productos fabricados en EEUU o cuya empresa propietaria sea estadounidense.

También en Dinamarca el fenómeno cobra fuerza, seguramente espoleado por las declaraciones de Trump en torno a Groenlandia. El grupo de distribución danés Salling ha empezado a etiquetar sus productos europeos con una estrella negra para facilitar su identificación frente a los estadounidenses. Por otro lado, una encuesta en Francia asegura que el 57% de los ciudadanos galos están dispuestos y preparados para asumir un boicot contra productos estadounidenses. Incluso algunas de las protestas contra Tesla que ya se extienden por Europa se están dejando ver en España, con algún Model Y en Barcelona amaneciendo vandalizado con pintadas contra Elon Musk.

Tiro en el pie

Lo difícil no desalienta a los ciudadanos más convencidos con la causa. De hecho, ya hay cuentas en TikTok como Choose Europe que desde hace semanas están ofreciendo alternativas de productos locales por cada estado miembro de la UE para artículos tan dispares como el ketchup, el queso de untar, zumos, refrescos, helados, pintalabios, vaqueros, videojuegos, cervezas, redes sociales o incluso coches todoterrenos.

También ha nacido la plataforma Go European, impulsada por un colectivo de 60 personas con la rumana Laura Catz al frente como responsable del proyecto, y que en su web lista más de 1.200 productos y servicios europeos que pueden ser alternativas a bienes extranjeros y estadounidenses.

Otra dificultad que tiene un movimiento a favor del boicot de bienes estadounidenses es que la realidad es compleja. Muchos de los productos procedentes del otro lado del Atlántico en realidad se fabrican o ensamblan en la Unión Europea, cuando no son directamente franquicias de empresarios locales.

Impacto en la economía española

Prueba de ello son los franquiciados de cadena rápida o el hecho de que el 70% de los productos que consume McDonald´s en España son nacionales. O, las cerca de 17.000 pymes españolas que usan Amazon para ofrecer sus productos que superaron por primera vez los mil millones de euros en exportaciones. O, o las mismas plantas de embotellado de Coca-Cola, que a través de su filial en Coca-Cola Europacific Partners tiene plantas en Tenerife, Valencia, Sevilla, A Coruña, Bilbao o Barcelona y está arraigada en España desde hace más de un siglo. Netflix, sin ir más lejos, está obligada a desarrollar producción española y este lunes firmó con el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones un programa institucional.

En otras palabras: el boicot a marcas tan nítidamente estadounidenses como estas podría también suponer un perjuicio a trabajadores españoles. Y eso es algo que no puede pasarse tampoco por alto. Solo un par de datos, McDonald´s genera 26.000 puestos de trabajo directos y 60.000 indirectos en España; mientras que Amazon ya figura entre los diez mayores empleadores del país con una plantilla de 28.000 personas.

Lo único incontestable por ahora es que los aranceles de Donald Trump están dando un soplo al ‘patriotismo económico’ en toda Europa.

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