Las familias españolas han vuelto a enamorarse de las Letras del Tesoro. Y tiene lógica. En un momento en el que todo cuesta más, cualquier producto que ofrezca una rentabilidad decente y con bajo riesgo llama la atención.
La rentabilidad ronda el 2,6% en las Letras a 12 meses, según la última subasta, mientras que los plazos más cortos se mueven algo por debajo. Para muchos hogares, suena a una oportunidad sencilla, ya que compran deuda pública, esperan unos meses y cobran intereses. Sin embargo, una cosa es la rentabilidad que anuncia el Tesoro y otra muy distinta es el dinero limpio que acaba llegando a tu bolsillo.
Entre comisiones, plazos muertos, reinversiones manuales e impuestos, el resultado final puede ser bastante menos atractivo.
Por eso merece la pena mirar un poco más allá del tipo de interés anunciado. La rentabilidad real también depende de las comisiones, de cuánto tiempo permanece invertido el dinero, de la facilidad para reinvertir y del impacto fiscal. Cuando se tiene en cuenta el conjunto, es más fácil sacar el máximo partido a los ahorros.
Comisiones de hasta el 50%
Muchos particulares compran Letras del Tesoro a través de su banco de siempre. El problema, según advierten en Kelisto, es que las comisiones de intermediación y custodia reducen la rentabilidad real final de forma significativa.
Las entidades pueden cobrar comisiones de intermediación, custodia o gestión. A simple vista parecen poca cosa. Un 0,20%, un 0,30% o un 0,50% no asustan demasiado. El problema es que en productos de bajo riesgo y plazos cortos cada décima pesa mucho.
Si una Letra te da una rentabilidad ajustada, cualquier coste fijo reduce de golpe la ganancia real. Y esto se nota especialmente en inversiones pequeñas.
No es lo mismo invertir 50.000 euros que 1.000, 3.000 o 5.000 euros. En cantidades altas, una comisión mínima se diluye mejor. En cantidades modestas, puede comerse una parte importante del beneficio.
Tiempos muertos
Otro punto que casi nadie mira es el tiempo muerto. Cuando compras una Letra, dependes del calendario oficial de subastas. Tienes una fecha de compra, una fecha de vencimiento y luego toca esperar a la siguiente oportunidad para reinvertir. Cuando la Letra vence, el dinero vuelve a tu cuenta corriente. Y muchas veces se queda allí varios días sin generar nada.
Con las carteras automatizadas o los fondos monetarios de bajo coste, esta parte suele ser más fluida. Pablo Tellería, asesor de InbestMe, señala que en las plataformas digitales automatizadas, “el capital empieza a rendir desde el día siguiente a la aportación, eliminando el riesgo de quedarse en tierra de nadie”.
La principal ventaja es que no es necesario calcular cuándo vence una Letra, cuándo sale la siguiente subasta ni cuándo se debe mover el dinero. La gestión se vuelve más cómoda y el capital pasa menos tiempo parado.
Atrapados en el mercado secundario
Quedarte atado también tiene coste ya que comprar una Letra del Tesoro significa aceptar una rentabilidad concreta durante un plazo concreto. Eso no está mal. De hecho, para muchos perfiles conservadores puede tener sentido, pero conviene entender bien lo que implica.
Si se compra una Letra al 2,5% y después los tipos suben, el ahorrador sigue atado a su rentabilidad pactada. No hay beneficio automático en la subida, y si se necesita recuperar el dinero antes del vencimiento, es necesario vender en el mercado secundario.
En InbestMe recalcan que, si la inflación sigue presionando y el Banco Central Europeo eleva los tipos un 0,25% adicional en su reunión de junio, una cartera automatizada reflejará esa subida de inmediato. Por el contrario, vender el título a mano antes de tiempo en el mercado secundario puede deparar sorpresas desagradables, ya que las nuevas emisiones a tipos más altos habrán depreciado el precio de venta de la Letra antigua.
Es decir, aunque sea un producto considerado seguro si se mantiene hasta vencimiento, no significa que puedas salir en cualquier momento sin impacto.
Hacienda cuenta
Otro error habitual es quedarse solo con la rentabilidad bruta. Los expertos de Kelisto recuerdan que la rentabilidad anunciada en las subastas jamás descuenta comisiones, costes bancarios ni impuestos.
En el caso de las Letras del Tesoro, además, no hay retención automática. Esto significa que el ahorrador tendrá que declarar después esos rendimientos en la renta y pagar lo que corresponda.
Para muchas personas esto no es un problema, pero sí exige planificación. Si cobras la ganancia y te la gastas sin reservar nada, luego Hacienda llamará a la puerta.
Los impuestos sobre las ganancias del ahorro suelen moverse en los primeros tramos entre el 19% y el 23%, aunque dependen de cada caso y de la cantidad obtenida.
Aquí los fondos tienen una ventaja importante. En España, muchos fondos permiten traspasar el dinero de un fondo a otro sin pagar impuestos en ese momento. No significa que no se paguen nunca, sino que se puede retrasar ese pago.
Además, retrasar impuestos puede ser muy útil. Mientras no pagas, ese dinero sigue dentro de la inversión y puede seguir generando rentabilidad. Es el efecto del interés compuesto. Más capital trabajando durante más tiempo.
Las Letras y los bonos del Tesoro siguen siendo una opción útil para muchos perfiles conservadores, pero no conviene analizarlas de forma aislada. La decisión cambia según el importe invertido, el plazo, la necesidad de liquidez y el canal elegido para comprarlas.
En ese escenario, las alternativas digitales pueden resultar prácticas para quien busca menos gestión manual y una inversión más continua, siempre que encajen con sus costes, riesgos y condiciones.

