A diferencia de otros activos, el oro físico no depende de las promesas de nadie para tener valor. Esto es útil en tiempos de incertidumbre, y prueba de ello es que el metal rompió récords en 2024, superando la onza los 2.700 dólares. El inicio de 2025 no es muy distinto, y el oro sigue rompiendo barreras, ya por encima de los 2.900 dólares. La banca de inversión se empieza a atrever con el análisis prospectivo: UBS sitúa el precio máximo del oro en unos 3.200 dólares, antes de que pase a estabilizarse.
Pero, ¿qué razones explican esta fiebre del oro? El metal ha sido siempre un activo refugio, recuerda Jordi Andreu, profesor de la OBS Business School. “Si miras la evolución del oro, siempre que hay incertidumbres, llamémosle COVID, llamémosle guerra, llamémosle lo que sea, los inversores se lanzan a los productos que consideramos refugio. Y el activo refugio por excelencia es el oro”.
El oro de Nueva York
Las políticas arancelarias y el proteccionismo que impulsa Donald Trump, así como la incógnita en torno que hará la Reserva Federal (Fed) con los tipos y qué sucederá con la inflación estadounidense son algunos de los factores que explican el interés en el oro de muchos inversores, recuerda Ned Naylor-Leyland, responsable de inversiones en oro y plata en Jupiter AM.
De hecho, los aranceles al aluminio y al acero que anunció Trump hace unas semanas han puesto patas arriba el mercado de metales, acelerando las exportaciones a EEUU desde puntos como Londres. Por dos razones: el temor de los inversores a que Trump también imponga esos aranceles al oro y la posibilidad que tienen ahora muchos bancos, con acceso a grandes toneladas del metal, de hacer negocio vendiendo más caro en Nueva York lo que encuentran en Reino Unido.
Las importaciones de oro a Nueva York están alcanzando cotas importantes, y no solo desde Gran Bretaña. Suiza, un país conocido por contar con algunas de las mejores refinerías del mundo, exportó 192,9 toneladas de oro a EEUU en enero de este año. En diciembre de 2024, las toneladas exportadas al mismo país apenas fueron 64,2.
Bancos centrales
La demanda de oro sigue creciendo, y un agente crucial en este fenómeno también son los bancos centrales, como recuerda el propio Jordi Andreu. “Estamos todos un poco a la espera de lo que está pasando. Muchos bancos centrales le están dando importancia a incrementar las reservas”. En 2022, 2023 y 2024, los bancos centrales de todo el mundo compraron, cada año, más de 1.000 toneladas de oro. Entre 2010 y 2021, la media de toneladas compradas anualmente por los bancos centrales era de 473 toneladas.
En 2024, el banco central de Polonia fue el que más toneladas compró, más de 90 sumadas a sus reservas en un solo año. También otros bancos centrales de Europa central y oriental han anunciado adquisiciones en los últimos años (el checo, el húngaro, el serbio o el georgiano), prueba de lo presente que está el conflicto en Ucrania para muchos de estos compradores. Entre los grandes compradores de 2024 también estuvieron otros bancos centrales como el turco, el indio o el chino, según el informe anual del World Gold Council.
Qué hacer
“En un contexto de inflación y con políticas monetarias laxas la moneda se devalúa”, abunda Jordi Andreu, que ve interesante invertir en oro como valor refugio que es. Sin embargo, no lo exime de riesgos: “Todo lo que es invertir conlleva siempre riesgo”. “Es más un activo que ir añadiendo en cartera a largo plazo, porque a diez años seguro que va a revalorizarse y a largo plazo será muy difícil perder dinero en según qué activos”.
Yves Bonzon, CIO de Julius Baer, recuerda por su parte que “en las economías capitalistas que funcionan adecuadamente” la renta variable puede ser una opción más ventajosa. “La tendencia de largo plazo favorece el activo tangible productivo frente al no productivo”. En contextos de inflación contenida, de hecho, “el oro ha obtenido rendimientos inferiores a los del efectivo y sobre todo a los de la renta variable”.
Además, Bonzon esboza otros potenciales riesgos, que, aunque remotos, ya no son tan improbables: “El oro protege el valor del capital contra la erosión monetaria en un contexto de inflación elevada, pero únicamente si el Gobierno no lo confisca por decreto”. Aunque la inversión en el metal amarillo no conlleva riesgos sistémicos para los inversores occidentales, el especialista también recuerda lo que podría suceder con una eventual paz en Ucrania.
Un acuerdo de paz traería “riesgos de cola”. Un supuesto que podría darse, explica, es que “el oro sea objeto de una repentina recogida de beneficios si un eventual acuerdo incluyera una cláusula para descongelar los activos rusos retenidos en EEUU”.