La carrera tecnológica por la inteligencia artificial es frenética, y eso se refleja en los mercados. A finales de enero la aparición del modelo chino DeepSeek R1 hizo que Nvidia perdiera 600.000 millones de dólares en apenas horas. DeepSeek se vanaglorió de haber creado un modelo tan potente como las últimas iteraciones de ChatGPT, pero invirtiendo muchísimo menos en su desarrollo.
Eso disparó el pánico en los parqués: al fin y al cabo, Nvidia es la que capacita con sus chips a otras empresas a desarrollar IA y muchos inversores temían que la aparición de DeepSeek implicara que, después de todo, el negocio de Nvidia pudiera estar inflado. Las aguas se templaron y las acciones del fabricante de tarjetas gráficas se estabilizaron, aunque la compañía que dirige el taiwanés Jensen Huang tiene todavía una cicatriz: ya no es la empresa más valiosa del mundo.
Nvidia lidera
Todo esto lo tendría en la cabeza el propio Huang, CEO de Nvidia, cuando empezó a pronunciar el martes pasado su discurso en el evento anual de la compañía. El ejecutivo se refirió a las oleadas de IA vividas hasta ahora (reconocimiento del habla, visión artificial, IA generativa) y a las que están por vivirse (la IA agéntica, con los modelos de razonamiento hoy en boga, o la IA física, con un futuro dominado por robots humanoides). También presentó nuevos semiconductores de alta gama, el Blackwell Ultra y el Vera Rubin. “El desarrollo de la IA se ha hiperacelerado”, advirtió el ejecutivo, alardeando de la oportunidad que eso implica para su firma.
En esta ocasión el entusiasmo no ha tenido tanto reflejo en el Nasdaq, donde cotiza la tecnológica. La compañía sigue cotizando plana en torno a los 118 dólares por acción. En noviembre del año pasado rompió sus máximos, cerca de los 150 dólares. En cambio, AMD, una de sus competidoras, ha crecido un 7% esta semana.
La distancia entre Nvidia y AMD es absoluta. A principios de año el valor de Nvidia duplicaba la capitalización bursátil de la mayoría de sus competidores… juntos: Broadcom, Arm, Intel, o AMD. A pesar del descalabro por DeepSeek, su dominio sigue siendo absoluto. En 2024 Nvidia alcanzó el 90% de la cuota de mercado de tarjetas gráficas de uso doméstico (para ordenadores personales), según la firma de análisis Jon Peddie Research. El otro 10% era de AMD.
AMD

Lisa Su, CEO de AMD
Eso no desalienta al comité ejecutivo de AMD. La compañía la dirige una mujer que tiene el desafío de demostrarle a Huang que en la fiesta de la IA Nvidia no bailará sola. Es Lisa Su, la CEO de AMD desde 2014, y tiene experiencia en obrar milagros. Cuando Su llegó al cargo, hace algo más de una década, Intel dominaba el mercado de los procesadores. Hoy AMD le ha ganado la mano a Intel en varios mercados, entre ellos el de equipar centros de datos. Visto así, la idea de competir de tú a tú con Nvidia no se antoja tan quimérica.
Lisa Su es una de las mujeres más prestigiosas y poderosas del sector. Una apasionada del hardware: nunca pensó en ser CEO, como reconocía en un podcast de Microsoft hace algo más de un año. Es consciente de la disparidad de género que adolece la industria, y remarca la importancia de apoyar a las mujeres que inician su carrera en el mundo STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas). “Les animo a ser ambiciosas y a sentir que pueden decirle a alguien lo que quieren hacer, porque hay mucha gente dispuesta a ayudar”.
Es una ejecutiva respetada. El año pasado fue nombrada CEO del año por la revista Time. Ahora el mercado espera que la firma que dirige Su siga abriendo brecha hasta disputarle a Nvidia un segmento muy codiciado: el de los chips IA. Nvidia parte con ventaja, claro: Huang se dio cuenta hace años de que este mundo le daría alegrías, más allá de liderar el mercado de tarjetas gráficas orientadas a videojuegos de última generación. Entrenar y desarrollar modelos de IA requiere de una gran capacidad de computación que solo los chips de última generación puede ofrecer.
Diferencias y semejanzas
Lisa Su y Jensen Huang, los dos competidores en liza, son CEO con trayectorias muy dispares. Huang, de origen taiwanés, terminó sus estudios en Stanford, tuvo ofertas para trabajar en Texas Instruments, LSI Logic o AMD, y optó por esta última, donde trabajó como diseñador de microprocesadores. Cuando supo de la tecnología que estaban desarrollando en LSI Logic (hoy parte de Broadcom), dejó AMD y fichó por esta compañía, donde conocería los socios con los que acabaría fundando Nvidia en 1993. Es CEO desde hace más de 30 años.
Su, por su parte, es hija de un estadístico y de una contable que emigraron de Taiwán a EEUU. Desde temprana edad, mostró mucha curiosidad por saber cómo funcionaba la tecnología que la rodeaba, razón por la que acabó estudiando en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) donde se acabó doctorando en 1994. Entonces fue fichada por Texas Instruments, un fabricante de semiconductores que años atrás ya había ofrecido trabajo a Huang. En Texas estuvo un año, hasta que la mítica IBM llamó a sus puertas. Para los años 2000, Su se había convertido en asesora técnica del entonces CEO de IBM, Lou Gerstner, y dirigió equipos en la empresa. En 2007 llegó a Freescale Semiconductor como jefa de Tecnología. Freescale era otro fabricante hoy integrado en la neerlandesa NXP. Ya en 2012 AMD la fichó como vicepresidenta y dos años después fue nombrada CEO.
Ambición
Quienes conocen a ambos recalcan que Huang hace que el espectáculo sea algo intrínseco a dirigir Nvidia. Se vio hace unos días en el evento anual de la compañía. Lisa Su, por su parte, es más discreta, pero tan ambiciosa o más como su competidor. No es de extrañar. Al fin y al cabo, son familiares directos. Sí, Lisa Su y Jensen Huang son primos segundos y ambos lo descubrieron cuando ya dirigían AMD y Nvidia respectivamente.
Prueba de esa ambición la reflejó la propia Su a finales del año pasado. La firma SemiAnalysis, especializada en comparar el rendimiento de los chips IA más punteros, publicó un estudio que se había prolongado cinco meses en el que comparaba el AMD Mi300X, uno de los buques insignias de la tecnológica, con sus rivales inmediatos de Nvidia.
“Teníamos la esperanza de que AMD pudiera emerger como un gran competidor de Nvidia asumiendo cargas de trabajo de entrenamiento [de IA], pero a día de hoy, lamentablemente, no es el caso”, concluía el estudio que presentó el director de la consultora, Dylan Patel.
Lo esperable de una CEO es que ignorara esas conclusiones y siguiera trabajando. Pero el propio Patel publicaba un revelador tuit en X tan solo un día después de haber compartido ese estudio. “He tenido una llamada de hora y media con Lisa Su mientras revisábamos todo (…). Se tomó en serio nuestras recomendaciones y nos hizo muchísimas preguntas. ¡Muchos cambios están en marcha! Ilusionado por ver sus mejoras en el futuro”, escribía, a lo que la propia Su respondía, también públicamente: “Gracias por la constructiva conversación de hoy. El feedback es un regalo, incluso cuando son críticas”.
2025, clave
La anécdota refleja la firme intención de Lisa Su de llevar AMD a la lucha por la distribución de semiconductores para inteligencia artificial que por ahora domina Nvidia. La tarea será ardua. El valor bursátil de Nvidia oscila los 2,9 billones de dólares, mientras que el de AMD está en 173.400 millones. Sin embargo, cuando Lisa Su se convirtió en CEO de AMD hace diez años, la capitalización de la compañía apenas rondaba los 2.000 millones de dólares.
Precisamente China podría ser crucial para la estrategia de AMD. Estos días Su ha estado en China promocionando sus semiconductores. Lo ha hecho en un contexto muy concreto: en septiembre del año pasado los reguladores del gigante asiático recomendaron a sus empresas a dejar de comprar los chips de Nvidia. Por su parte, Nvidia no puede vender sus procesadores más potentes en el mercado chino por los vetos de EEUU. En ese marco, Su ha estado visitando sedes como la del fabricante de ordenadores Lenovo y ha incidido en que sus procesadores son compatibles con los modelos de DeepSeek o Alibaba, propietaria de AliExpress.
2025 será un año clave para AMD y para Lisa Su. Será el año en el que la ejecutiva tendrá que demostrar que tiene un plan para obrar lo que para muchos sería un milagro.