TENSIÓN EN RENFE

El sindicato CSIF teme que el traspaso de Rodalies conlleve despidos e impida la movilidad geográfica

Laura Lázaro, trabajadora de Cercanías, está dispuesta a luchar por la integridad de Renfe

Hay acuerdos políticos que pueden generar una conmoción en otros ámbitos de la sociedad. Lo que para unos representa un éxito rotundo, para otros es un desastre. Es lo que ha sucedido con el traspaso de Rodalies y Cercanías del Estado a la Generalitat de Catalunya. Un acuerdo entre el Gobierno de Sánchez y ERC que ha provocado una oleada de malestar entre los trabajadores de ambos servicios que temen perder derechos laborales con este cambio.

De ahí que los sindicatos convocaran huelgas que iban a suponer la cancelación de 1.400 trenes de Renfe en cinco jornadas. Un caos para miles de viajeros que el ministerio de Transportes ha conseguido contener gracias al acuerdo, in extremis, alcanzado con los sindicatos mayoritarios CC.OO. y UGT además de SEMAF. Se han salvado siete días en total de huelgas para el 17, 19, 24, 26 y 28 de marzo, así como los días 1 y 3 de abril, ante lo que consideraban un riesgo para la situación laboral del personal que trabaja en la comunidad autónoma.

La noticia del traspaso provocó una oleada de temores de los trabajadores a posibles despidos o incluso a no conservar las condiciones laborales actuales como la antigüedad.

Pero apenas cuatro horas antes del inicio de huelga, el ministerio, Renfe y Adif y los mayores sindicatos pactaron que el servicio ferroviario catalán no saliera del grupo Renfe aunque sí se anunció la creación de una nueva empresa mixta para operar la red de cercanías pero con mayoría accionarial del Estado.

El pánico a perder el convenio

El secretario de Estado de Transportes, José Antonio Santano, ofreció las garantías de que tanto Renfe como Adif, gestor de la infraestructura ferroviaria, seguirán operando en Cataluña a pesar de la transferencia de esta competencia. Al formar parte del grupo ferroviario español, se aplicará su convenio colectivo, el acuerdo de garantías y todos los acuerdos laborales vigentes del Grupo Renfe. Este era el mayor temor de los trabajadores.

Pero no todos los sindicatos se han quedado conformes con este acuerdo y hay quienes, como CSIF, apuestan por mantener las movilizaciones porque consideran que pretende “tapar una futura venta de Cercanías y Rodalies. Nos negamos a que se regalen los Rodalies por un acuerdo político y rechazamos la venta de Cercanías. No hay motivos para desconvocar la huelga”, confirman.

Pérdida de fuerza empresarial

Laura Lázaro es jefa del equipo mecánico de Cercanías en Madrid. Pertenece además al sindicato CSIF, y considera que con el traspaso se pierde fuerza empresarial. “Llevo tres años camino de los cuatro trabajando en cercanías Renfe en la BMI de Villaverde Madrid.

Trocear una empresa pública hace que las movilidades geográficas sean inexistentes o más difíciles, una vez vendida una sociedad el resto se ven más expuestas. La oportunidad laboral de los trabajadores se verá condicionada al ámbito en el que esté esa nueva sociedad. Si Cataluña se acabara quedando con la titularidad de la empresa, los trabajadores y trabajadoras que aprobaron una plaza pública en esa zona se verían prácticamente obligados a quedarse allí de por vida o bien renunciar a una plaza que tanto les ha costado conseguir, recordemos que hay una oposición de por medio, y pasarían a ser subrogados. Un acuerdo ineficiente e insuficiente”.

Uno de sus principales temores es que haya despidos. “En cuanto a las movilizaciones, seguiremos a la espera de cada noticia y actuación. En referencia a lo que se ha aprobado hay que tener en cuenta que si tan mala consideran que es la gestión de mercancías que tiene que venir una empresa privada a hacer ese trabajo, que quiten a la dirección que actualmente lleva esa sociedad ya que la están dejando morir, porque esos puestos son elegidos por los partidos políticos, que es por lo que estamos metidos en esto.

Pérdida de fuerza empresarial

También hay que puntualizar que hay una falta generalizada de repuestos y todo tiene que ver con la burocracia a la que Renfe tiene que hacer frente, ya que las empresas privadas pueden comprar cualquier cosa sin necesidad de pasar por varios departamentos, acotando los tiempos de respuesta a la hora de comprar cosas que se necesitan. Renfe tiene el material y tiene a la plantilla sin embargo optan por seguir subcontratando trabajos”.

Y está dispuesta a luchar por la integridad de Renfe y sus trabajadores hasta el final.