Situación límite en el fútbol femenino: la AFE denuncia lo que viven las jugadoras del Atlético Villalonga

Los jugadoras del Atlético Villonga gallego han estallado, hasta el punto de denunciar ante la AFE la precaria situación que viven en su club

Las jugadoras del Atlético Villalonga @atlvillalongaff

El fútbol femenino vive en un gran momento a nivel de seguimiento, práctica y repercusión, sin embargo, aún quedan muchas cosas por hacer. Y es que mientras Barça, Real Madrid y el resto de equipos de la Liga F tienen unas grandes condiciones y están en un crecimiento muy grande que invita a ser optimistas con lo que se está construyendo, por debajo las cosas no van tan bien. A nivel más de base queda mucho trabajo y para muestra es lo que ha sucedido con el Atlético Villalonga, un club gallego de Segunda Federación en el que la situación es límite.

Tal es el extremo del caso que la AFE (Asociación de Futbolistas Españoles) ha denunciado mediante un comunicado oficial la precaria situación laboral que sufren a diario las futbolistas del Atlético Villalonga Fútbol Femenino, un club gestionado por el Pontevedra C.F. Además viene de dentro, pues la situación ha sido denunciada por la plantilla, que pide unas condiciones laborales básicas y mínimas, que no cumple el club en su día a día.

Las futbolistas exigen unas condiciones laborales dignas, tal y como reza el comunicado, algo que hasta ahora no tienen: “Como futbolistas profesionales que son, para, de esta manera, ofrecer individual y colectivamente un óptimo rendimiento, dada la exigencia que requiere jugar en la categoría del equipo. Ese ha sido el objetivo del equipo desde que dio comienzo la temporada, cuando se comprometió con el club y su escudo”.

Una jugadora del Atlético Villalonga

Exigencias básicas

El club ha generado un ambiente de desconfianza entre las jugadoras, quienes se sienten engañadas debido a promesas incumplidas sobre el modelo de trabajo y los objetivos. En cuanto a los contratos, hay irregularidades en los horarios laborales y cotización, y varios acuerdos previos con el presidente fueron modificados sin previo aviso, lo que afecta la estabilidad de las jugadoras. Además, los cobros no se realizan dentro de los plazos establecidos, y muchas jugadoras enfrentan impagos o retrasos en sus salarios.

En términos de salud y lesiones, existe un trato desigual entre las futbolistas, con algunas recibiendo atención adecuada mientras que otras deben costear sus propias pruebas para diagnosticar lesiones, debido a la falta de recursos. El cuerpo técnico es otro factor de conflicto, ya que el anterior entrenador carecía de capacidad profesional, lo que afectó gravemente al rendimiento del equipo. A pesar de la llegada de nuevos entrenadores, las jugadoras se han visto obligadas a ajustarse a horarios y cambios sin previo consenso, lo que ha perjudicado su rendimiento y bienestar.

Además, el equipo ha sufrido la falta de recursos humanos, como la ausencia de un segundo entrenador durante gran parte de la temporada y la escasa presencia del preparador físico, quien no tiene la disponibilidad para asistir a todos los entrenamientos o partidos. También hay un nutricionista que no ha cumplido con su función desde el inicio de la temporada, lo que impide un óptimo rendimiento físico.

El trato es insufrible

El trato diario del club es otro punto crítico. Las jugadoras enfrentan una actitud despectiva y poco colaborativa por parte de la persona responsable del equipo, mientras que el presidente evade sus responsabilidades y no mantiene una comunicación clara. Esto ha afectado el bienestar emocional de las jugadoras, quienes se sienten constantemente desinformadas y desprotegidas.

La organización de los viajes también es deficiente, con cambios imprevistos en itinerarios y viajes largos en condiciones inadecuadas, lo que afecta negativamente el rendimiento del equipo. A nivel de recursos materiales, el club no proporciona el equipo necesario, lo que dificulta la competitividad, como el uso de material inadecuado o la falta de ropa deportiva adecuada.

Por último, las condiciones del terreno de juego son preocupantes, ya que aunque los partidos se juegan en césped natural, los entrenamientos se realizan en césped artificial, lo que aumenta el riesgo de lesiones. Las jugadoras exigen que el club solucione estas deficiencias.

 

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