Por qué las Olimpiadas dejaron de existir durante 15 siglos y qué papel jugó el cristianismo

La historia de las olimpiadas viene de la antigüedad griega, cerca del siglo VIII a.C., cuando los juegos se celebraban para rendirle honor a los dioses del Panteón Olímpico. Pero desaparecieron durante más de 1.500 años

Impresión artística de la antigua Olimpia, donde se celebraron los Juegos Olímpicos a partir del año 776 a.C.
Impresión artística de la antigua Olimpia, donde se celebraron los Juegos Olímpicos a partir del año 776 a.C.

El lema olímpico volverá a retumbar este 26 de julio, cuando se inauguren los XXXIII Juegos Olímpicos en París, Francia. Durante los próximos días, los 10.500 atletas de 206 delegaciones competirán en las 45 disciplinas, y por primera vez habrá igualdad real: habrá una participación de 50 % de hombres y 50 % de mujeres, según el Comité Olímpico Internacional.

Sin embargo, todo el camino recorrido se ha aceleró tras un parón que duró 1.500 años: las Olimpiadas se reanudaron en 1896, después de que el aristócrata galo Charles Pierre de Frédy, barón de Coubertin, propusiera rescatar su celebración.

El motivo de la suspensión: ¿el cristianismo?

Los Juegos Olímpicos habían comenzado en el año 776 a.C. en el santuario de Olimpia, en la antigua Grecia, y duraron hasta el año 393 d.C., cuando Teodosio I prohibió los cultos paganos, entre los que consideraba que se encontraban los Juegos. Se celebraban cada cuatro años, lo que se consideraba una Olimpiada. De todos los festivales deportivos –Juegos Píticos (Delfos), Juegos Nemeos (Nemea) y Juegos Ístmicos (cerca de Corinto)–, los Juegos Olímpicos eran los más famosos.

En sus orígenes, la competición constaba de al menos seis pruebas: carrera de carros o cuadrigas, carreras a pie, lanzamiento de pesos, lucha cuerpo a cuerpo, saltos de longitud y lanzamiento de jabalina. Para los griegos, las Olimpiadas eran las competiciones más importantes de la época, el lugar donde nacían los héroes y donde los seres humanos alcanzaban su máxima valía, poniéndose a prueba de forma extrema e incluso llegando a morir.

La Palestra, lugar de lucha en Olimpia, Grecia

La Palestra, lugar de lucha en Olimpia, Grecia

Las hazañas de los atletas cimentaron la popularidad de los juegos. A la historia pasaron los logros de Milón de Crotona, quien además de ser alumno del filósofo y matemático Pitágoras, ganó seis competencias de lucha sólo en las competencias de Olimpia. Las doce victorias que Leónidas de Rodas consiguió al ganar igual número de carreras durante cuatro Olimpiadas consecutivas lo convirtieron en un héroe para sus compatriotas.

Por desgracia, los juegos quedaron condenados al fracaso cuando Grecia sucumbió a Roma en el siglo II d.C. Los romanos nunca participaron en ellos, pero se dieron cuenta de su importancia y decidieron mantenerlos. Sin embargo, los veían como “asuntos públicos” y una oportunidad para celebrar fiestas, por lo que la popularidad de las competiciones deportivas y las festividades culturales continuó en muchas provincias del imperio romano de influencia griega hasta el siglo VI d.C.

Uno de los problemas de las provincias romanas es que transformaron la naturaleza de los juegos: incluyeron nuevos escenarios (circo, teatro y anfiteatro) y también nuevos motivos de celebración (fiestas religiosas o estatales, como nacimientos de emperadores o triunfos militares). Así lo explica el historiador Conrado Durántez en su libro El emperador Teodosio I el Grande y los juegos de Olimpia: “Conocedor del glorioso pasado de los grandes Juegos Panhelénicos y en especial de los Olímpicos y deseoso no ya de igualar, sino sobrepasar las proezas alcanzadas por los más grandes atletas, Nerón, en su demencial megalomanía, se inscribió en los juegos de la 211 Olimpiada, a los que hace aplazar dos años, para que así coincidieran con las fechas proyectadas para su estancia en Olimpia”.

Olimpia, hasta su redescubrimiento en el siglo XIX

Mientras en la Grecia antigua los juegos se hacían siempre en honor a un dios (Zeus en Olimpia y Nemea) o a las divinidades del panteón griego, a los que se dedicaba un sacrificio al término del encuentro, con el tiempo los juegos acabarían siendo monopolizados por la familia imperial y financiados, por tanto, con dinero público, no ya por las familias adineradas de Olimpia y los tributos que obtenía el templo de Zeus de parte de los fieles.

Tras el decreto de Teodosio, los cultos paganos empezaron a desaparecer gradualmente y el emplazamiento de Olimpia fue abandonado. Los terremotos destruyeron los edificios y sus ruinas desaparecieron poco a poco bajo la tierra y la arena.

Representación de Leónidas de Rodas, uno de los atletas más importantes de los Juegos Olímpicos

Representación de Leónidas de Rodas, uno de los atletas más importantes de los Juegos Olímpicos

El propio barón de Coubertin escribió en 1924 sobre el declive de los juegos por su convivencia con el culto a dioses paganos: “Un español fanático, el emperador Teodosio I, rabioso de furor contra el atletismo que procura la belleza corporal y en conjunto contra el helenismo, que significa razón y libre examen, publica un edicto que prohíbe la celebración de los Juegos, dejando caer sobre Olimpia la losa de plomo del olvido”.

Sin embargo, realmente en ninguno de los edictos del emperador se prohibían los Juegos Olímpicos. En el de Tesalónica se declaró el cristianismo como la religión oficial del imperio y en el de Constantinopla se prohibió la veneración de otras deidades. Puesto que con los romanos los juegos habían perdido su carácter religioso, para los historiadores no queda claro que el cristianismo tuviera relación con su desaparición.

Sin embargo, la tradición no fue borrada de la historia y el hallazgo en el siglo XVIII de las ruinas de Olimpia prendió una chispa que provocaría el renacimiento de los juegos. Aunque no quedaban vestigios visibles del lugar, gracias a los escritos de los historiadores antiguos, el recuerdo de los Juegos y su lugar en el mundo griego no se había olvidado del todo. Se sabía que los Juegos habían existido, pero se había perdido el conocimiento de su ubicación exacta.

En 1776, el viajero inglés Richard Chandler descubrió el emplazamiento de la antigua Olimpia. Las principales excavaciones de investigación fueron realizadas cien años más tarde por arqueólogos alemanes. Hoy en día, las excavaciones arqueológicas nos han permitido descubrir la gloria pasada de los Juegos Panhelénicos y la importancia de Olimpia.

 

TAGS DE ESTA NOTICIA