Entrevista / Manuela Velasco, actriz

Manuela Velasco: “Me enfadé con el sistema educativo, con quién y cómo nos han contado la historia”

'El sillón K. Cartas desde el olvido: Carmen Conde y Katherine Mansfield' es un homenaje poético a la primera mujer que entró en la RAE y se estrena en el Teatro de La Abadía el 14 de febrero

Manuela Velasco (Madrid, 1975) encarna a la escritora Carmen Conde, primera mujer en ingresar en la Real Academia Española, en 1978, cuando algunos hombres se preguntaban si la presencia femenina no distraería a los grandes e intelectuales académicos, que deberían detener su trabajo para atender a las señoritas. Puede parecer exagerado, pero algo que se debatía realmente, incluso en la televisión de la época, como demuestra la videoteca de RTVE.

El viernes 14 de febrero se estrenó en el Teatro de la Abadía de Madrid la obra de teatro El sillón K. Cartas desde el olvido: Carmen Conde y Katherine Mansfield, que une, sobre un escenario, las voces de dos escritoras fascinantes: la cartagenera Carmen Conde y la neozelandesa Katherine Mansfield. Es un proyecto basado principalmente en la correspondencia unidireccional que ideó Conde con Mansfield en 1935. La directora es Paula Paz y está protagonizada por la actriz Manuela Velasco y la bailarina Estela Merlos.

¿Quién era Carmen Conde, a la que das vida en El sillón K?

Carmen Conde nació en Cartagena, en Murcia, en 1907. Fue algo inexplicable, pero desde muy pequeña, sin tener ningún antecedente familiar artístico ni intelectual, sintió la llamada del arte, de la literatura: la necesidad de escribir poesía. Es algo increíble. Ella buscó desde niña la manera de hacerlo cuando no tenía medios ni siquiera para estudiar, porque su familia era muy humilde y carecía de dinero suficiente. Lo que se esperaba de ella era que aprendiera a hacer las cosas de la casa, a coser (su madre estaba empeñada en esto)… Pero no, ella se buscó la vida para leer y para aprender, para desarrollar un estilo, un criterio y esa vocación, esa voluntad, esa perseverancia y esa fortaleza a lo largo de los años, que permanecieron a pesar de una guerra y una dictadura que enterró a las mujeres y que las persiguió. De hecho ella misma fue perseguida por haber sido maestra, por haber apoyado la República y todo lo que supuso en cuanto a la renovación de la enseñanza y del papel de la mujer: fue perseguida y tuvo que estar escondida y cambiarse el nombre y con su exilio interior y a pesar de todo eso consiguió, con sus 70 y pico años, ser la primera mujer que ingresó como académica en en la Real Academia de la Lengua de España. esto para mí es un hito, es una anécdota, es un dato bonito y fácil de recordar, pero no es lo importante. Para mí lo importante es su obra y lo que ella cuenta en su obra.

⁠Ella sufrió la guerra, la dictadura y el no tener acceso a la educación. ¿Cómo era su ambiente familiar?

Ella tuvo que superar muchos obstáculos, porque no solo fue la dictadura, sino que desde pequeña tuvo acceso limitado, como el resto de mujeres, a la educación. Su madre estaba empeñada en que dejara de leer y se pusiera a coser, también como una forma de supervivencia. La educación, y por supuesto la vocación artística o literaria, se consideraba algo superfluo, eran sueños que no eran realistas. De hecho, ella, que quiso muchísimo a su madre y que estuvo a su lado hasta hasta el final, tuvo que librar una batalla terrible con ella porque quería ahogar su impulso creativo: consideraba que no servía para nada. Ella debía atender la casa y ganarse los cuartos; y lo más curioso de todo es que quien fue su marido más de 50 años, Antonio Oliver, que también era poeta, también le reclamaba lo mismo: que dejara de dedicarse a la literatura y que se ocupara de él y de su casa. Es muy fuerte.

Paula Paz, dramaturga y directora de 'El sillón K', y Manuela Velasco, su protagonista

Paula Paz, dramaturga y directora de ‘El sillón K’, y Manuela Velasco, su protagonista

⁠Sabemos que fue la primera académica mujer de la RAE, pero ¿por qué crees que su obra es tan poco conocida?

Este es el gran misterio al que me me estoy enfrentando, porque todos entendemos lo que sucedió: con la Segunda República hubo una explosión y las mujeres dieron un paso al frente y las cosas cambiaron, pero rápidamente con la guerra civil y con la dictadura aquello se enterró. Pero yo que nací en el 75 y que fui a un a un colegio laico, bastante moderno, en nuestro temario de literatura no estaban ellas, en nuestros libros no estaban. ¿Quién hace los programas de los libros de texto? No dejo de preguntarme por qué, por qué, por qué. ¿Por qué no las volvieron a incluir? Yo misma me enfrenté a un enfado grande conmigo misma, con el sistema educativo, con quién y cómo nos han contado la historia. No hay que quedarse en el dato porque lo importante es la obra de las dos, porque son inmensas escritoras, pero una se pregunta dónde estaban todas estas mujeres… ¿Por qué no miraron para atrás y vieron que antes de que pasara todo esto los propios escritores, los propios hombres que seleccionaban quiénes eran los poetas que tenían que ser leídos en aquel momento y ponían ahí a los grandes, como Lorca, como Alberti, las dejaron fuera a ellas? No tengo respuesta.

⁠¿Cómo llegó a ti este papel, fue un encargo directo de la directora, Paula Paz?

Eso es. Yo coincidí con ella viendo una función de teatro y luego fuimos a un bar a tomar un vino y estuvimos hablando, y yo acababa de hacer unas lecturas de poesía mística y le dije cómo me estaba sucediendo que ya sólo quería hacer poesía. Entonces me dijo que quería hablarme de algo… Al cabo de unos meses me llamó y me dijo, “¿Conoces a Carmen Conde?”, y yo dije, “Me suena”. Mentira, no me sonaba de nada. Pero me dijo que iba a hacer una obra sobre ella y que quería que la hiciera yo inmediatamente. Me puse a buscar y a leer y me quedé estupefacta. Y cuando me me mandó la dramaturgia, o sea, el texto, dije, “Señor, necesito decir estas palabras en un escenario, o sea, necesito comunicar esto”. Me pareció un honor ser portavoz de Carmen Conde.

⁠A la vez, sufres, es un papel que te deja exhausta y sin palabras… ¿También porque son textos literarios, concebidos para ser leídos?

Eso es. Cuando tú lees el texto, la dramaturgia de esta obra es fascinante, es profundo, es reivindicativo, es prodigioso. Ahora, cuando te  enfrentas a tener que decirlo… Ha sido un infierno realmente porque son textos que están escritos para ser leídos, no para ser dichos. Entonces, encontrar la manera de acomodar este pensamiento y esa creación literaria a una voz que puede ser dicha para comunicarte a ti, a mí… Yo tengo buena memoria, me encanta meterme en estos líos, pero ha sido un trabajo arduo.

⁠¿Por qué crees que Carmen Conde escogió a Katherine Mansfield, una escritora muerta, como interlocutora?

Esta pregunta me encanta y me parece profundamente conmovedora e inteligente por parte de Carmen Conde. Creo que en su entorno cercano en Cartagena—su familia, sus conocidos—no tenía a nadie que realmente le estimulara intelectualmente. Ante esa ausencia, se buscó una amiga lejana e imaginaria: una artista, una escritora con la que pudiera establecer un diálogo. Conde escribía muchas cartas a artistas, pintores, literatos… Se dirigía a Virginia Woolf, a D. H. Lawrence, y, por supuesto, a Katherine Mansfield. Lo que hizo fue tomar las cartas que Mansfield había escrito a otros, rescatar las preguntas que surgían en el intercambio entre esa élite intelectual de Inglaterra, y empezar a responderlas ella misma. De este modo, convirtió a Mansfield en su interlocutora, en una presencia más real y estimulante que las personas que la rodeaban. La eligió para desarrollar su estilo, su creatividad, su pensamiento. Con ella podía mantener una conversación de igual a igual, a su nivel, y también permitirse la intimidad de tratar cuestiones personales. Con los hombres con los que se carteaba recibía aprobación o rechazo, pero había temas en los que no podía profundizar con ellos. En cambio, con Mansfield iba a fondo con todo.

¿Crees que ella escribía pensando que sus diarios serían leídos?

Ella lo guardaba todo. Tenía un afán por dejarlo escrito, aunque fuera para nadie, como ella misma decía. Creo que estaría tranquila con que lo leyéramos, porque aquello que realmente no quiso que se conociera lo destruyó. Fueron pocas cosas, pero hubo algunas, más personales, que sí decidió hacer desaparecer.

Manuela Velasco en el pase gráfico de 'El sillon K', en el Teatro de la Abadía

Manuela Velasco en el pase gráfico de ‘El sillon K’, en el Teatro de la Abadía

⁠En una época en la que se creía que la presencia de una mujer era una distracción, ¿qué supuso su entrada en la RAE?

Es asombroso pensar que, hasta hace muy poco, la entrada de una mujer en la Real Academia generara tanto revuelo. Que una escritora con la trayectoria y la obra de Carmen Conde, ya con más de 70 años, despertara entre sus compañeros varones la sensación de que su presencia era una distracción, como si fuera a interrumpir su trabajo, a desviar su atención de lo verdaderamente importante, a obligarlos a agasajarla y tratarla de una manera especial. Como si su llegada no respondiera a méritos propios, sino a una especie de intromisión caprichosa. Me sorprende especialmente el tono con el que algunos se dirigían a ella, hombres que se atrevían a hablarle con condescendencia pese a su edad, su trayectoria y su inmenso bagaje literario. Y ella aguantaba. Hoy, cualquiera de nosotras que recibiera ese tipo de comentarios respondería con cortes contundentes. Pero ver cómo ella, con su elegancia, su inteligencia y su exquisita paciencia, soportaba aquello y, a su manera, también devolvía golpes con sutileza, hace que tomemos verdadera dimensión de lo que tuvieron que luchar… y, sobre todo, de todo lo que tuvieron que aguantar.

⁠¿Tú has tenido que dar algún corte?

Yo creo que todas. Sí, todas hemos tenido que dar algún corte, que poner a otro en su sitio. Pero nada comparado con lo que tuvieron que aguantar ellas…

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