Rigoberta Bandini, el alter ego artístico de Paula Ribó, ha vuelto a sacudir la escena musical con su segundo álbum, Jesucrista Superstar. Este trabajo, compuesto por 22 temas, refleja una evolución tanto en su sonido como en las temáticas que aborda, consolidando su posición en el panorama del pop alternativo español… y y en la cultura feminista.
El título del álbum, una clara alusión al famoso musical Jesucristo Superstar, encierra múltiples significados para la artista. En una entrevista reciente, Bandini explicó que Jesucrista Superstar representa “una figura femenina desquiciada”, una metáfora de ella misma y de muchas mujeres que intentan abarcarlo todo y sienten que no llegan a nada.

Este nuevo trabajo se sumerge en temas profundos y contemporáneos. Canciones como Soy mayor y Simpática pero problemática abordan la obsesión con el físico y la constante búsqueda de validación en las redes sociales. Rigoberta Bandini no teme explorar la complejidad de la feminidad moderna, incluyendo referencias al ciclo menstrual en sus letras. Según ha confesado, cree que el ciclo menstrual es una parte constante y significativa en la vida de las mujeres, y que incluso el amor está influenciado por él.
La maternidad también ocupa un lugar central en Jesucrista Superstar. Bandini, que se convirtió en madre recientemente, refleja en sus canciones las alegrías y desafíos de esta nueva etapa. De hecho, la dualidad entre su faceta de artista y de madre la llevó a crear este álbum, buscando equilibrar ambas identidades.
“Puedo llenar aforos de 10.000 personas y llevar a mi hijo al cole en transporte público”, dice Bandini con esa mezcla de asombro y gratitud que define su manera de entender la fama. Lejos del estrellato prefabricado, la artista ha construido su carrera desde la independencia más absoluta, sin discográficas que dicten el rumbo, apostando por una forma de éxito más orgánica y menos invasiva. Para ella, mantener ese equilibrio entre el escenario y la vida cotidiana no es solo un lujo, sino una decisión consciente: conservar la normalidad, el anonimato relativo y la libertad creativa, aunque eso signifique decir no a propuestas que prometen “multiplicar su proyecto por cuatro”. En esa elección está también la clave de su autenticidad.
Musicalmente, el álbum es una amalgama de estilos que van desde el pop electrónico hasta guiños a sonidos ochenteros. Colaboraciones destacadas, como la de Luz Casal en Canciones alegres para días tristes:), aportan una riqueza sonora que complementa las letras introspectivas de Bandini.
Un potente mensaje feminista
Sin embargo, Jesucrista Superstar no ha estado exento de críticas. Algunos medios han señalado que, aunque el álbum es ambicioso, presenta altibajos en su ejecución. Hay cortes con melodías logradas pero que flaquean en la letra o en su forma, mencionando temas como Enamorados y Simpática pero problemática. Sin embargo, Bandini consolida un potente mensaje feminista y reivindicativo, deslizando mensajes sobre la cosificación de la mujer y la necesidad patológica de validación externa.
A pesar de las críticas, la autenticidad de Rigoberta Bandini sigue siendo su mayor fortaleza. Su capacidad para abordar temas tabú y convertirlos en piezas musicales pegajosas y reflexivas la mantiene como una voz relevante en la música actual. Aunque ha confesado que hubo momentos en los que pensó que no sería capaz de volver a escribir, ahora se siente poderosa y orgullosa de su nuevo trabajo.
El proceso creativo de Jesucrista Superstar también estuvo marcado por la introspección. Tras el éxito de su álbum debut, La Emperatriz, Bandini se tomó un descanso de la vida pública en 2022, sintiéndose abrumada por la fama repentina. Este retiro temporal le permitió reconectar con su esencia y explorar nuevas facetas artísticas, resultando en un álbum genuino que representa fielmente su estado actual.
La artista ha llegado ya dos veces al top 10 de ventas en España –sin contar el nuevo vinilo, retrasado–, no a través de una pequeña discográfica, sino de un sello llamado “Rigoberta Bandini”. Y revela que un pequeño número de personas entre los que se encuentra un mánager, un responsable de prensa, un productor y una especie de asistente a su vez creativa son los que la acompañan en su día a día.
En medio del caos que implica crear, producir, girar y cuidar de un hijo, Rigoberta Bandini sigue montando su propio tinglado sin pedir permiso. Mientras algunos artistas persiguen la industria, ella la bordea con descaro y la convierte en un escenario más de su narrativa, una en la que lo íntimo y lo político se cruzan constantemente. Con Jesucrista Superstar, Bandini no solo entrega un álbum, sino una declaración de principios: su camino no es lineal, ni previsible, ni tampoco complaciente. Y precisamente por eso, su voz —a ratos pop, a ratos casi confesional— resuena con fuerza entre quienes buscan algo más que música para llenar el silencio.