Cuando se menciona a Isaac Asimov, muchos piensan en la célebre serie de la Fundación o en sus conocidos relatos sobre robots. Sin embargo, existe una novela de ciencia ficción que suele permanecer en un segundo plano y no recibe la atención que merece.
Se trata de El fin de la eternidad, una obra publicada en 1955 que, a pesar de su trascendencia e ingenio, ha quedado eclipsada por otras historias más populares del autor. Algo similar ha pasado con una de las mejores series de ciencia ficción de la historia de la televisión. Pero esa es otra historia. En este artículo, exploramos por qué esta novela de ciencia ficción es tan relevante, su impacto en la literatura y por qué resulta imprescindible rescatarla del olvido.
Un viaje en el tiempo que desafía la imaginación
El fin de la eternidad es una novela de ciencia ficción que gira en torno a la posibilidad de manipular el tiempo y alterar el curso de la historia para beneficio de la humanidad. Asimov describe una organización llamada ‘Eternidad’, encargada de supervisar los acontecimientos en diferentes siglos y corregir errores para garantizar un futuro óptimo para la mayoría.
El autor profundiza en las implicaciones de intervenir en el libre albedrío y en las consecuencias de jugar a ser dioses temporales.
La trama presenta a Andrew Harlan, un técnico cuyas labores incluyen estudiar distintas realidades y decidir qué ajustes aplicar para modificar los eventos cruciales. Lo fascinante de esta novela de ciencia ficción es cómo Asimov no solo se enfoca en la ciencia y la tecnología, sino que también se adentra en los sentimientos humanos.

El protagonista desarrolla una conflictiva relación con una mujer, Noys Lambent, y el riesgo de que sus decisiones personales alteren todo el entramado temporal añade una dimensión romántica y moral.
¿Por qué esta novela de ciencia ficción pasa desapercibida frente a otras obras de Asimov?
La fama de sagas como Fundación ha hecho que otros títulos queden en la sombra. Muchos lectores desconocen que El fin de la eternidad es una novela de ciencia ficción cargada de reflexiones filosóficas, intrigas y giros narrativos que podrían gustar a un público más amplio que el habitual fan de la space opera.
Además, su extensión relativamente corta contrasta con los grandes volúmenes de sus otras series. Ese puede ser otro motivo por el que no reciba la atención que verdaderamente merece.
Por otro lado, Asimov es uno de los nombres más influyentes del género. Sin embargo, los medios y las recomendaciones literarias suelen centrarse en sus obras más extensas y reconocidas, dejando fuera una de las propuestas más audaces del autor.

La sencillez engañosa de esta novela de ciencia ficción es uno de sus principales atractivos. A fin de cuentas, combina ideas profundas en un formato accesible, para que cualquier persona pueda entender y disfrutar de la trama sin necesidad de ser un experto en física o teoría temporal.
Una visión distinta de la manipulación temporal
Muchas historias abordan viajes en el tiempo. Pero pocas profundizan en las consecuencias éticas y filosóficas de manipular la historia. El fin de la eternidad explora hasta qué punto la humanidad puede alterar el destino colectivo y qué se gana o se pierde al hacerlo.
Para Asimov, la capacidad de controlar el devenir de toda la humanidad implica un precio elevado. En esta novela de ciencia ficción, los personajes se encuentran divididos entre la necesidad de hacer cambios que aseguren la prosperidad de millones y el sacrificio de la libertad individual o de la diversidad cultural.
El autor plantea preguntas inquietantes sobre la homogenización de la especie humana. Si podemos eliminar guerras, desastres y pandemias, ¿estamos también suprimiendo la evolución cultural y la diversidad de pensamiento? Estas reflexiones aportan matices que elevan la obra más allá de la ciencia ficción convencional y la sitúan en un plano literario complejo y universal.