“¡Qué gran mal el amor es para los mortales! Pues la mujer es medrosa y no puede aprestarse a la lucha ni contemplar las armas, pero, cuando la ofenden en lo que toca al lecho, nada hay en todo el mundo más sanguinario que ella”.
La genialidad de Gemma Blasco no sólo va de saber retratar la furia que puede sentir una mujer tras ser violada, ser incomprendida y sentirse sola. El talento de Gemma va más allá: la cineasta catalana entrelaza las emociones que transita Alexandra, protagonista de la cinta, con las severas afirmaciones de Medea, figura de la mitología griega que mató a sus hijos para vengarse de su marido, el héroe Jasón. Gemma siempre quiso hacer una película “incómoda, violenta y visceral”. Ojalá la vean muchos, ojalá dé que hablar, ojalá nos permitamos sentir lo que sentimos y ojalá las mujeres agredidas sexualmente dejen de llevar colgada la etiqueta de “víctima”.

Fotograma de ‘La Furia’, protagonizada por Ángela Cervantes
Sin lugar a dudas, Gemma Blasco (32 años) será una de las grandes directoras de nuestro país en los próximos años, porque además de su ambición y talento, sabe rodearse de los mejores. En este caso lo hizo de Ángela Cervantes (Biznaga de Plata), amiga y compañera del instituto de la directora, y Álex Monner (Biznaga de Plata) en el reparto, Neus Ollé (La hija de un ladrón) en la dirección de fotografía, Didac Palou (Verano de 1993) en el montaje, Eva Pauné (La mala fe) en el guion. Desde el 28 de marzo en cartelera, ya pueden ver La furia en cines.
La reacción de Adrián, el hermano de Álex, interpretado por Álex Monner, muestra una falta de comprensión y apoyo. ¿Por qué decidiste que Alex se mantuviera callada frente a su hermano y no le comunicara lo que necesitaba en ese momento?
Tanto la coguionista, Eva Pauné, como yo, queríamos representar una realidad, y es que muchísimas víctimas no hablan, no cuentan lo que les ha sucedido. Y si lo cuentan, como es el caso, se encuentran preguntas incómodas, revictimización y culpabilización, aún cuando hay la mejor de las intenciones detrás. En la mayoría de personas del entorno de una víctima, en caso de que lo sepan o lo cuenten, se despierta un instinto de protección que se apropia de los deseos y necesidades de la víctima. Alexandra siente la necesidad de contárselo a su hermano porque es su persona de más confianza, pero después de su reacción, decepcionada, decide no contarle nada más porque él se está poniendo en el centro. Y por el propio shock y proceso traumático, no es capaz de comunicarle lo que realmente necesita. Y él tampoco sabe acompañarla. Hay mucho amor entre ellos, pero con las herramientas y cargas que tienen, no saben hacerlo mejor.
La visceralidad está muy presente en la película. ¿Cómo lo planteaste? ¿Pensaste que reforzaría la rabia, la furia de Álex? ¿Tuviste miedo de “pasarte” de ser muy específica y agredir al espectador?
Siempre quise hacer una película incómoda, violenta y visceral. Porque me apetecía mostrar esta mirada más oscura en el cine, en relación a esta temática, y porque tenía sentido con el material que estábamos tratando. Pero el reto fue encontrar el equilibrio, tener toda esa entraña y a la vez ser respetuosas con las víctimas que pudieran ver la película. Queríamos ser expresivas con las herramientas cinematográficas y que a nivel formal la apuesta también fuera por la incomodidad, la tragedia, la oscuridad. Pero a la vez queríamos huir del espectáculo, no hacer un circo con la temática. El reto fue equilibrar bien la incomodidad sin caer en la falta de respeto al espectador. Pero agredirle, cinematográficamente hablando, sí que era la idea por momentos.

Gemma Blasco dirige la película ‘La Furia’
Desde la iluminación hasta el uso del espacio y los encuadres, ¿qué decisiones visuales fueron clave para reflejar la rabia, el trauma y la catarsis de Álex?
Y no solo las visuales, también en el mundo sonoro de la película tomamos decisiones para apoyar todo ese trauma y catarsis. En general queríamos que fuera una película oscura y con cierta garra también en la cámara. Obviamente no podíamos sostenerlo toda la película, pero por momentos lo intentamos. También hay decisiones de montaje, algunas tomadas desde la planificación y otras en postproducción. Tanto Neus Ollé (directora de fotografía), como Didac Palou (montador) como con los demás departamentos, queríamos arriesgarnos no solo con algunos planos secuencia sino también con secuencias con cortes abruptos, algo más expresionista. En montaje terminamos de afinar la desubicación de la protagonista y el juego de los cortes violentos, especialmente entre secuencias. También tratamos de hacer rimas visuales entre unas escenas y otras, el ejemplo más evidente son los personajes situados en la punta de la mesa, pero hay movimientos de cámara que conectan momentos distintos de la película, como miradas de los hermanos, o montajes con planos de sus nucas, dándose la espalda. A nivel de color intentamos que la película tuviera (con excepciones) una paleta desaturada para cuando nos interesara, subrayar los granates y rojos. En esto fue clave la coordinación entre fotografía, arte (Anna Auquer) y vestuario (Ester Palaudáries). Y en sonido seguimos una línea parecida, buscando el equilibrio entre el realismo de la peli (que no neorrealismo) y los momentos expresivos.
Ángela Cervantes ha ganado la Biznaga de Oro gracias a su interpretación en La Furia, y además también coprotagoniza Lo que queda de ti, que compitió en Sección Oficial. ¿Qué aspectos de su actuación destacarías y cómo crees que contribuye a dar vida al complejo personaje de Álex?
Me fascina la capacidad que tiene Ángela de moverse cómodamente entre la vulnerabilidad y la visceralidad. Se conecta con lo animal pero no por ello lo ejecuta con brocha gorda, a su vez su trabajo está lleno de matices y sensibilidad. Se compromete con el personaje física y psicológicamente hasta las últimas consecuencias. Además, la técnica es fantástica; clava el raccord como nadie, se adapta a las indicaciones y la comunicación es excelente. Facilita el trabajo de cámara, siendo consciente de sus movimientos, e incluso se da cierto margen para la improvisación. Es fascinante, parece que flota. Escribí el personaje para ella, nunca imaginé a nadie más. Y cuando empezamos a trabajar juntas y a levantar las escenas reafirmé el acierto de elegirla y lo privilegiada que era de tenerla sosteniendo la película.
El “Me too” en la industria del cine español parece que no acaba de estallar, a pesar de algunos intentos. ¿Por qué crees que ocurre esto?
Por miedo y porque las relaciones de poder son muy complicadas. Deberían caer torres enteras, y es muy difícil acceder hasta ahí. Todas tenemos miedo a no volver a trabajar si hablamos. Por ejemplo, contestándote a esta pregunta ya tengo la leve sensación de que me la estoy jugando.