Crítica de cine

‘Canina’, una metáfora sobre la maternidad que ladra muy poco y muerde aún menos

Marielle Heller escribe y dirige esta adaptación de la novela de Rachel Yoder en la que Amy Adams se va convirtiendo en perro

Amy Adams se convierte en perro en 'Canina'
Amy Adams se convierte en perro en 'Canina'

“La jodida maternidad es brutal”, asegura la protagonista de Canina -encarnada por Amy Adams– en uno de los numerosos momentos de la película durante los que ejerce de narradora, y sabe bien de lo que habla. En su día una artista de éxito que exponía sus obras en prestigiosos museos, esta mujer sin nombre -llamémosla Madre- ha visto cómo su propia vida se convertía en una sucesión de días casi indistinguibles entre sí dedicados a las tareas que exige el cuidado de su pequeño hijo: prepararle el desayuno, bañarlo, tratar de entretenerlo, pasar noches en vela intentando dormirlo; es normal que su estado de ánimo dé constantes bandazos entre el aburrimiento, el agotamiento y un creciente resentimiento. Madre desprecia al resto de progenitoras suburbanas, a las que considera estúpidas, y ya ha dejado de creer a su marido (Scoot McNairy) cuando trata de tranquilizarla diciéndole que él también querría tener más tiempo para cuidar del niño en lugar de estar continuamente viajando por motivos de trabajo.

Una mañana, cuando oye al crío decirle que está “peluda”, Madre hace un descubrimiento inquietante: un mechón de pelo le ha crecido a la altura del coxis. No pasa mucho tiempo hasta que allí mismo aparece un bulto, y paralelamente también le crece el bigote, le aparecen en el pecho dos filas de pezones adicionales, los colmillos se le afilan y el sentido del olfato se le agudiza. También desarrolla ansias frecuentes de comer carne, el impulso de cazar animales pequeños y una capacidad infalible para atraer a los perros callejeros del vecindario. Madre, parece claro, se está convirtiendo en un chucho.

Amy Adams protagoniza 'Canina', en Disney+

Amy Adams protagoniza ‘Canina’, en Disney+

Al retratarla, la directora Marielle Heller no la dota de más rasgos que su condición de madre y, ocasionalmente, también la de esposa. Por supuesto, se trata de una estrategia deliberada: la mujer ha sido despojada de todo lo que la hace ser quien es a causa de sus interminables quehaceres domésticos, y el estallido de su rabia reprimida causa en ella una transformación salvaje. Más difícil de entender, eso sí, es la vacuidad de la relación que mantiene con su esposo. Heller no nos da ninguna pista acerca de los intereses de la pareja, y no hablan entre sí más que de cuestiones prácticas básicas.

En una escena temprana de la película, ella intenta explicarle a él sus frustraciones y su deseo de cambiar las cosas consiguiendo un trabajo a tiempo parcial, y él le replica inmediatamente que “no salen las cuentas”. Fin de la discusión. ¿Qué significa eso? No se nos explica más. Por supuesto, si sus protagonistas decidieran contratar una niñera, Canina sería una película muy corta. Lo más grave del asunto es que, en general, Madre y su marido parecen haberse conocido justo al principio de la película, porque no dan la sensación de tener ni una sola experiencia vital compartida.

Basada en la -infinitamente más feroz- novela homónima de Rachel Yoder, Canina dedica buena parte de su metraje a mostrarnos la transformación de su protagonista en sabueso pero mucha menos a hacer algo de utilidad con ella. La película incluye escenas en las que Amy Adams corre a cuatro patas por un jardín, mata algún animal y cava en la tierra para enterrarlo, y Heller no se molesta en aclarar si esos pasajes son incursiones en el realismo mágico o alucinaciones del personaje antes de abandonar esa subtrama por completo, aunque previamente deja que varios personajes expliquen el significado de la metáfora con todo lujo de detalles, por si alguien entre el público no lo ha entendido ya. En cuanto se hace evidente que la única línea argumental atractiva de Canina no va a ningún lado, lo que queda es un drama blandengue, bastante predecible y lleno de situaciones estereotipadas que ofrece a sus protagonistas algunas lecciones valiosas, un final feliz y ningún cambio significativo.

Fotograma de 'Canina', dirigida por Marielle Heller y basada en una novela de Rachel Yoder

Fotograma de ‘Canina’, dirigida por Marielle Heller y basada en una novela de Rachel Yoder

Por lo que respecta al trabajo de Amy Adams en la piel de Madre, la convicción con la que aparece en pantalla devorando comida para perros amorrada a un bol o pronunciando frases de diálogo como “puedo cascar una nuez con la vagina” es casi milagrosa; es una pena que su talento quede desperdiciado en una película que se esfuerza desesperadamente por ser original, transgresora y provocativa pero que ni siquiera hace el ademán de cuestionar el estilo de vida heteronormativo, arraigado en el patriarcado, en el que sus personajes permanecen acomodados, ni el sexismo institucionalizado que impide a muchas mujeres poder pagar el cuidado de los niños o disponer de bajas por maternidad decentes. A pesar de celebrar la labor tan vital como insuficientemente reconocida de las madres, Canina no investiga las deficiencias a nivel social que llevan a muchas de ellas a sentirse insatisfechas e insignificantes en el desempeño de ese rol.

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